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Guerrero no está solo: colectivos y bailarines solidarios en apoyo al CIPOG-EZ muestran que danzando también resistimos

Colectivo Grieta, 25 de junio de 2019.

Ciudad de México.- Una de las enseñanzas más grandes del zapatismo es que la revoulción se puede (y acaso se debe) hacer bailando. Y esto lo mostraron los diferentes colectivos y bailarines solidarios que se unieron a la jornada “Danzando resistimos” organizada por El Rincón Zapatista y la Cafetería Comandanta Ramona el sábado 22 de junio en la calle de Dr. Carmona y Valle en la Colonia Doctores.

El evento forma parte de la “Campaña por la vida, la paz y la justicia en la montaña de Guerrero” convocada por el CNI, el CIG y EZLN en el comunicado publicado el día 12 de junio en el que denunciaron la guerra narco paramilitar capitalista desatada en contra de pueblos y comunidades miembros del Congreso Nacional Indígena, y la crisis humanitaria que se está generando ante la dificultad para ingresar alimentos y medicamentos en la región de la montaña de Guerrero. Así en el evento de danza se recibió acopio en apoyo a los pueblos de Guerrero y al CIPOG-EZ quienes han convocado a romper el cerco impuesto a su alrededor.

Los compañeros del CIPOG-EZ, quienes asistieron al evento, insistieron en la importancia de este apoyo solidario para sus comunidades debido a que, en Guerrero, se vive una lucha en contra de sus formas de organización comunitaria. Ellos explicaron que la violencia que se ejerce contra ellos es parte de una guerra desatada en contra de los pueblos organizados para despojarlos de su territorio que los caciques y los narcos de la zona, así como los malos gobiernos y los grandes capitales, buscan hacer redituable: “Los dueños del dinero de este mundo no se llenan; su ambición por la ganancia es la que lleva adelante esta guerra contra los pueblos en la montaña baja”.

Los compañeros insistieron en la importancia de darle cobertura de apoyo solidario así como de protección de derechos humanos a la caravana pacífica que partirá de la comunidad indígena nahua de Amilcingo, Morelos, el día 12 de julio de 2019 para estar los días 13 y 14 de julio en la comunidad de Acahuehuetlan, municipio de Chilapa, Guerrero. “Nos motiva ver que se realizan este tipo de eventos para luchar también desde la danza para parar la guerra que el poder libra contra nuestros pueblos”. Al mismo tiempo, los compañeros del CIPOG-EZ ven que esta lucha forma parte de una lucha más amplia y contaron a los asistentes su experiencia del día: “Hoy fuimos a ver a hermanos del pueblo Otomí allá a Huitzitzilapan. Ellos también están luchando contra la expropiación de su bosque, vemos que la guerra es la misma que enfrentamos nosotros. Hablamos de pueblo a pueblo de los de abajo, porque como gente sencilla entendemos que la guerra la están haciendo los de arriba. Es lo mismo que quieren hacer con sus proyectos como el Tren Maya o el Corredor Transístmico. Por eso tenemos que estar juntos para luchar”.

Desde el comienzo de la jornada la gente llegó con los víveres en mano para apoyar al CIPOG-EZ al mismo tiempo que aprovecharon el gusto y la alegría de bailar en colectivo, compartiendo risas y conocimientos de diferentes ritmos que se bailan en nuestro país y que hacen la resistencia un poco más alegre; un poco más ligera.

La jornada comenzó con ritmos de danzón que también es un ritmo que se resiste a las modas pasajeras y que une a las generaciones a través de la memoria de otros tiempos y otros ritmos. Asistentes de todas las edades se divirtieron contando hasta el atípico número once con el que se cierran todos los ciclos de pasos del danzón.

Asimismo en el segundo taller del día, compañeros del colectivo “Sembrando Son” compartieron las danzas de sones de tarima el Estado de Guerrero y enseñaron a los asistentes el ritmo básico del zapateado junto con otros pasos para combinar las tradiciones con la creatividad del baile en pareja y en comunidad.

Un poco más tarde, ya a la hora de las presentaciones, el Ballet Zarah compartió danzas de resistencia cultural de los pueblos árabes del norte de África y oriente medio, de Palestina y Egipto. En éstas los ritmos se combinaron con el grito de resistencia en homenaje a las mujeres de estos pueblos quienes hacen del movimiento otra forma de conservación de la identidad de un pueblo.

Además de la alegría de la danza en grupo, algunos de los actos que se presentaron en este evento de danza mostraron las formas en las que el arte puede hacer del cuerpo un medio para expresar la complejidad de la gama de sentimientos que se involucran en nuestro andar día a día en un mundo donde la violencia contra las mujeres, la represión, la soledad y el empeño de seguir luchando aparecen como parte de un mismo sentir y de un ir y venir entre la resistencia y la rabia que es también parte de la realidad que se vive día a día.

La pieza de danza neo clásica del colectivo Barro Rojo se valió del movimiento silente pero de una expresividad poderosa para expresar el sentimiento de desarraigo, soledad y frustración que trae consigo la ausencia de un ser querido. Combinando elementos de la expresión teatral y danzística, la bailarina mostró el dolor que representa la falta de un familiar o un compañero, pudiendo ser el caso de los presos políticos, de los desparaecidos o de la migración y desplazamiento forzado: casos todos en los que el sistema agrede, expresando su atroz inhumanidad.

Por su parte el acto de danza también neo clásica de Argelia Guerrero “Canto campesino”, hizo un relato de la historia de México narrada desde el movimiento del cuerpo que se empeña en resistir y en seguir danzando por encima de un mundo que se dedica a negarlo. Esta historia, contada en tres etapas, comenzó con una pieza inspirada en la historia de la revolución mexicana, siguió adelante con la lucha zapatista y su principio de luchar sin rendirse jamás y terminó con una pieza dedicada a los estudiantes normalistas de Ayotzinapa.

Por último el Colectivo Weeya presentó la pieza de danza folklórica experimental «Simples cosas», en donde la violencia contra las mujeres y su lucha por seguir vivas aparecen representadas en una pieza impactante que busca mostrar y denunciar a través de la abstracción la amenaza constante que se cierne sobre las mujeres en su andar cotidiano dentro de un sistema que las violenta constantemente.

De esta manera, la jornada mostró las distintas formas en las que el cuerpo hecho colectivo y movimiento puede seguir los caminos de la lucha que se van haciendo con el pasito rítmico, a veces alegre y a veces furioso, de los pies que lo deciden caminar.