Jornadas “SAMIR SOMOS
TODAS Y TODOS”
COMBO POR LA VIDA: DICIEMBRE
DE RESISTENCIA Y REBELDÍA

Una marcha entre reclamos, mantas e historias atroces (Baja California)

Proceso / Jesusa Cervantes.


Pancarta durante la marcha en Mexicali. Foto: Jesusa Cervantes.

MEXICALI, BC.- A Claudia Rosales Cáceres, su pareja no le tuvo piedad: le asestó 15 puñaladas, una muy cerca de la yugular, pero sobrevivió ese 2008. Ahora él clama piedad y está a punto de ser liberado “por buena conducta”. El feminicidio aún no se tipificaba en esa época y su pena fue de 17 años de cárcel por “tentativa de homicidio”.

La tarde de este 8 de marzo, por Claudia, por las 11 mujeres asesinadas en 2017, por las 13 en 2018 y por las 6 de 2019, en la ciudad de Mexicali, mujeres de entre 18 y 30 años, tomaron la calle.

Niñas, niños y uno que otro hombre las acompañaron en su marcha, desde este rincón de Mexicali. En el estado sumaron poco más de 5 mil las que desbordaron su furia bailando y gritando consignas contra el patriarcado, contra el machismo y contra la indiferencia del Estado.

Desde este rincón como Mexicali, sumaron aproximadamente mil 500 las que tomaron la calle y el monumento a Lázaro Cárdenas. Ahí, a los pies del “Tata”, las jóvenes pusieron un altar, al héroe de los bajacalifornianos lo rociaron de rojo y rosa.

Los paseantes, desde sus vehículos, tocaban el claxon en señal de apoyo. Ellas, desde la parte baja del monumento, agitaban sus pancartas. “¡Hasta la madre de justicia mocha, más poder a la panocha!”, rezaba una jocosa cartulina color rosa.

Y luego, el himno cantado a coro: “¡y no importaba en dónde estaba ni cómo vestía, el violador eres tú, el violador eres tú, el violador eres tú”.

El contingente se preparó en la explanada de vicerrectoría de la Universidad Autónoma de Baja California; desde las 16 horas empezaron a llegar, hicieron talleres para niñas detallándoles lo que significa el feminicidio, explicándoles lo que es la cultura machista y practicando las consignas que más tarde repetirían: “¡¡no fue crimen pasional, fue un macho patriarcal!!” o aquella de: ¡¡saca tu rosario de mis ovarios!! ¡las niñas, marchando, también están luchando!”.

¿Qué son mil 500 mujeres marchando contra las casi 80 mil que lo hicieron en la Ciudad de México? “Somos el eco ya visible en un rincón como es Mexicali. Y eso, es mucho para nosotras hoy”, dice Rebeca Maltus, dirigente de la agrupación Gente Diversa.

¿Y quién encabeza la convocatoria? Nadie, aquí esto es horizontal, dice Abril Rodríguez, una joven feminista que aprendió a marchar y a reclamar por su derecho al agua y por lo tanto por su vida, en 2017, cuando la empresa transnacional Costellation Brands pretendió instalarse en silencio, dando vida al llamado grupo de Mexicali Resiste.

Durante la marcha empiezan a surgir las atroces historias de muerte y dolor. Como la de Valeria, una estudiante que decidió tomar un descanso en su vida estudiantil. El padre de su hija y un amigo de él, empezaron a violentarla, la subieron a un auto, la golpearon y terminaron degollándola. El marido fue encarcelado y al día de hoy no tiene una condena.

O la de otra joven estudiante de Ciencias de la Comunicación, quien desapareció. Su cuerpo fue encontrado en el refrigerador de un amigo de ella, destazado.

Por ellas, por las 28 que fueron objeto de furia y terminaron siendo una cifra más para el índice de feminicidios en estos dos meses de lo que va del año, y por los asesinatos que no han sido visibilizados, marcharon en Baja California cerca de 5 mil mujeres.

A su paso, el claxon de trailers, pick ups y autos resonaba mientras ellas coreaban “¡señora, señora, no sea indiferente, matan mujeres en la cara de la gente!”

Desde la acera de enfrente, en el asadero “Los Tacones”, los comensales salieron a su encuentro y empezaron a aplaudirles. En ese momento, mujeres a quienes no conocían, luchaban por sus hermanas, por sus madres y por sus amigas, mientras ellos, en su mayoría hombres, comían plácidamente.

En respuesta, las marchistas, feministas, lesbianas, trans, queers o como quieran llamarles, se aferraban a una enorme pancarta que rezaba “Marchamos porque estamos vivas y o sabemos hasta cuando”.

Luego de tres horas de exigir cantando su derecho a una vida sin violencia, las mujeres emprendieron el camino de regreso a la Universidad Autónoma de Baja California.

–¿Cómo cuántas poli?

–Mmm, tenemos registradas unas mil 300.

–Entonces ¿más?

– Puede ser –respondió el policía mientras abría paso a automovilistas, que a lo lejos podían ver el reclamo “inconfesable” que dejaron grabado bajo el logotipo de la UABC y que también motivó la marcha: “protege acosadores”.

https://www.proceso.com.mx/621003/una-marcha-entre-reclamos-mantas-e-historias-atroces