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Comercio local: desolación y tragedia en medio de la pandemia en Culiacán

Rio Doce/Aarón Ibarra
DIN.DAN'S. Un espejo de la desgracia,
Foto: Riodoce. “Se renta” es el anuncio que predomina en la ciudad más agobiada por la pandemia

La palabra que se acerca a describir la situación de Alba es “tragedia”. El coronavirus es apenas uno de los golpes que ella y su familia recibió. Dedicada al comercio con la venta de tacos de camarón, su negocio es apenas uno de los cientos que no volverán a abrir después de la campaña “quédate en casa”.

“Es una cosa increíble lo que nos pasó, teníamos 32 años ahí”, explica Alba, quien es abuela de dos niños y además cuida a su padre de casi 90 años y su hermana que tiene una enfermedad. Y por si fuera poco, a la ecuación se suma su esposo quien junto a ella atendían el establecimiento.

“Él ahí está pero como te digo, ahorita no conoce a nadie, está como si estuviera criando a un bebé”, comenta. Luego las palabras salen con dificultad. A finales de abril del año pasado, Armando, su esposo, tuvo un derrame cerebral que lo dejó discapacitado en lo absoluto.

La pareja atendía los tacos “La Canasta”. Estaban ubicados en la esquina de Francisco Villa con Lázaro Cárdenas en la colonia Jorge Almada. El nombre lo toman del antiguo monumento que en 1987 quedó destruido tras el paso de un huracán, sin embargo los vecinos del sector aún se refieren al sitio por ese nombre. Al lugar ahora lo adorna la glorieta Cuauhtémoc.

Alba explica las vicisitudes. En enero de 2019 debido a la nueva administración del Ayuntamiento de Culiacán tuvo que mudar su punto y ubicarse en la esquina de Guadalupe Victoria y Francisco Villa, a una cuadra de su lugar original. Pero a partir de ahí todo fue en decadencia.

Los médicos que atienden a Armando, su esposo, suponen que el estrés le causó la embolia. Luego, la pandemia terminó por sepultar el establecimiento. Los tacos de camarón de La Canasta no son más.

Y ella no es la única. En Culiacán la estimación de establecimientos que no volverán a abrir es alta pero aún no se cuantifica. Según el censo económico del INEGI el 40 por ciento de la actividad económica en la capital se dedica al sector terciario y más del 50 por ciento dedicado a los alimentos condimentados o restaurantes.

Así lo confirma el líder de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y de Alimentos Condimentados (CANIRAC) en Culiacán, José Miguel Taniyama Ceballos.

“Según nuestras estadísticas y comparadas con las del INEGI el impacto fue brutal, de los negocios no formales fueron alrededor de 2 mil 500 en Culiacán y de los registrados alrededor de 250 de medianos y grandes, el impacto económico fue devastador, ahorita muchos están buscando de ver cómo rescatan algo”, explica.

Las complicaciones fueron varias. Aquellos que sobrevivieron hubo que adaptarse. Las plataformas electrónicas en un principio fueron aliadas pero ahora, con el 30 por ciento que solicitan del monto total de la venta, dejan de serlo. Hay negocios que incluso anuncian su salida de esos servicios como UberEats o Rappi.

“Es un tema muy complicado, te cobran hasta el 30 por ciento de facturación, estás hablando de la ganancia bruta de la venta de cualquier restaurante”, añade Miguel Taniyama, “creemos que va a ser un tema de largo plazo”.

Por eso el rosario de negocios cerrados se extiende por toda la ciudad. No solamente el centro aunque ahí la escena es más cruda. La imagen de la fonda Din-Dan’s es elocuente. Desde 1992 el sitio manejaba todo tipo de clientela.

Estaba por la calle Ruperto L. Paliza casi esquina con Antonio Rosales. La ubicación era inmejorable.

Pero no sobrevivió. Un letrero de “se renta” adorna la fachada de la finca histórica que ahora queda en el abandono.

Los desayunos, tortas ahogadas, nachos, quesadillas, jugos y licuados no serán más. Estudiantes, empleados, maestros, burócratas, de todo tipo de clientela quedan sin una oferta más.

Pero los establecimientos de ese tipo no fueron los únicos. En la calle Mariano Escobedo, a un costado del Ayuntamiento de Culiacán, una cadena de clínicas dentales. En la azotea del local una muela gigante anunciaba la “clínica dental la zapopana”.

El vitral estaba repleto de imágenes con promociones de limpieza dental e incluso de contratación de personal para el área de ventas. Pero ahora luce vacío. Una manta con la leyenda de se rentan locales y un par de números de teléfono. Adentro también vacío. Tampoco sobrevivió a la pandemia.

Según el titular de la Unidad de Inspección y Vigilancia, Luis Alfonso Meza, no existe un incremento en vendedores ambulantes o en comercio informal que hayan detectado. Aunque sí ha habido mayor actividad en las calles de la periferia pero por otros motivos.

“Se ha incrementado en la periferia vendedores ambulantes por el cierre de los tianguis pero fue algo acordado que la gente de los tianguis, no podían operar por la situación de riesgo pero que les íbamos autorizar a que trabajaran en la periferia como ambulantes pero el aumento por negocios cerrados”, explicó.

La información contrasta con los datos oficiales del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) que reporta 93 patrones más en julio de este año con respecto al período de 2019, un incremento de apenas el 0.2 por ciento.

A pesar de que julio significó el mes más difícil en lo que va de la pandemia, con mayor índice de contagios y decesos, el incremento en patrones a nivel estado se notó en los servicios para empresas aunque una caída en sectores como transporte y telecomunicaciones y servicios educacionales y de salud, principalmente. Las cifras para agosto aún no son reveladas.

Y mientras que informes oficiales son dados a conocer, las cifras sobre las pérdidas en Culiacán por los seis meses de cierre de establecimientos no esenciales aún no han sido cuantificadas. Sin embargo, caminar por el centro de Culiacán y en las periferias brinda una imagen muy desalentadora. Locales cerrados y gente vendiendo en las calles. O tratando de vender

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