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Cumple un año movimiento para liberar a defensores del agua en Tlanixco

Aldabi Olvera

(San Pedro Tlanixco, Tenango del Valle, Estado de México).- Del turbio y viejo caso del encarcelamiento de una mujer y cinco hombres nahuas de Tlanixco, hace algunos años, brotan algunos elementos muy ilustrativos sobre la situación que viven indígenas y campesinos en todo el Estado de México:

La represión contra ellos es de antaño, antes que la agresión a San Salvador Atenco en el 2006.

La represión deja secuelas psicológicas extendidas; arrebata la confianza, deshilacha el tejido social y aplasta la organización comunitaria.

El despojo de los bienes del territorio en el Estado de México, particularmente del agua y los bosques, es una práctica constante de empresas coludidas con gobiernos municipales y el gobierno estatal.

Hoy, los pueblos indígenas del Estado de México, visibles hasta hace pocos años, alzan de nuevo su voz.

No pude entrevistar a las esposas de los nahuas presos de Tlanixco cuando las conocí. Participaban en un foro del Tribunal Permanente de los Pueblos en la Universidad Iberoamericana de Puebla en el 2013; era la segunda ocasión en la que mostraban públicamente su caso.

Un compañero otomí-ñätho de Huitzizilapan, pueblo del municipio de Lerma que junto con Xochicuautla enfrenta la destrucción de sus bosques para la construcción de una autopista concesionada a Grupo Higa, me había dicho: “Hay que apoyar a los de Tlanixco“.

Pero no supe cómo, así que me dediqué a acompañar su proceso. Me dediqué a mirar y escuchar, pues.

Casi un año después, las esposas de los presos me dijeron que aquella ocasión en La Ibero de Puebla apenas lidiaban con una mezcla de sentimientos que van más allá del miedo, una maraña compuesta por parálisis, tristeza e indignación.

El pasado 22 de noviembre, a un año de que se conformara el Movimiento por la Libertad de l@s Defensor@s del Agua y de la Vida de San Pedro Tlanixco, una de las esposas de los presos nos da la bienvenida en su evento conmemorativo.

Veo en las familias de este pueblo enclavado en una cañada del municipio de Tenango del Valle un dejo de alegría, o mejor dicho, ahora les veo mostrar dignidad, recuperar confianza, recobrar fuerza a pesar de que sus familiares continúan en prisión y su caso se complica más.

La primera vez que pisé Tlanixco sentí un frío ensombrecedor. Compartí mesa y palabra con más familiares de los presos: hermanas, sobrinos, hijas. Al final de la plática, me entregaron una carpeta con copias de diversos documentos que todavía conservo. En esa carpeta hay amparos, documentos de la PGR que califican al pueblo como “presunto poblado terrorista” y notas de prensa que lo describen como “violento”.

Las familias me hablaron de invasiones, literalmente hablando, de la policía; describieron cateos a altas horas de la noche y la incertidumbre provocada por decenas de órdenes de aprensión liberadas contra integrantes de la comunidad.

La policía detuvo en distintos años y en distintos lugares a Rómulo Arias Mireles (9 años de reclusión, sentenciado a 54 años de prisión), Teófilo Pérez González (12 años de reclusión, sentenciado a 50 años), Pedro Sánchez Berriozábal (12 años de prisión, sentenciado a 52 años) y los procesados Lorenzo Sánchez Berriozábal (9 años de prisión), Marco Antonio Pérez González (9 años de prisión) y Dominga Martínez González (8 años de prisión); acusados y acusada de asesinato con todas las agravantes.

Santos Alejandro Álvarez Zetina y Rey Pérez Martínez, ex integrantes del comisariado ejidal, se encuentran en el exilio.

Esta es la primera vez que escribo sobre Tlanixco. Me cuesta trabajo escribir por los sentimientos y recuerdos que me provoca este lugar. Veo pequeñas y exuberantes corrientes de agua fluir entre sus calles; veo a los niños jugar, a los jóvenes casi siempre tomando; miro las cañadas y los cerros de un verde intenso e invencible. En Tlanixco pocos hablan el nahua-mexicano.

Un reportaje de Contralínea describe lo que Tlanixco ha vivido como un etnocidio. No sé cuándo empezó el etnocidio, quizás 523 años atrás. En diversas ocasiones he escuchado a las personas de Tlanixco hablar del racismo histórico de las autoridades, así como de la población de la cabecera municipal, y últimamente, el desprecio de las empresas floricultoras del vecino municipio de Villa Guerrero.

La juventud mexicana conoce Tlanixco por los hongos alucinógenos que nacen en su territorio. Muy pocos saben que este pueblo se organizó con el Congreso Nacional Indígena (CNI), que la Marcha del Color de la Tierra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) pasó por aquí, que Tlanixco fue aplastado por el Estado, y que la represión vino porque su comunidad se encontraba bien organizada.

Siento un frío, rajador como pocos, y platico con mi amigo Rosario. Me cuenta algo que ha contado tantas veces:

“Nos hemos dado cuenta que los efectos de la represión siguen en nosotros. No nos hemos podido recuperar”.

Pero inmediatamente describe que los eventos que realizan son cada vez mas grandes y en éstos participan más personas del pueblo, especialmente mujeres. Hace exactamente un año, durante el Primer Foro Nacional por la Libertad de l@s Defensor@s del Territorio y Guardianes de los Pueblos, lograron reunir a ex presos como Ignacio del Valle de Atenco y Alberto Patishtan de Chiapas. También recibieron mensajes desde la cárcel del entonces yaqui preso Mario Luna y del tsotsil Alejandro Díaz Sántiz. Fue además la primera ocasión que se leyeron públicamente cartas con los mensajes de l@s seis de Tlanixco.

Rosario agradece el apoyo de diversas organizaciones adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona que los han apoyado y acompañado para reconstruir su tejido social roto.

Y es que Tlanixco heredó una organización por usos y costumbres de sus abuelos; ejercían sus propios modos de gobierno cuando se enteraron que el agua de sus manantiales fue concesionada a “gente de dinero” al finalizar la década de los ochenta.

“No teníamos dinero, pero podíamos organizarnos” cuenta Rosario.

Luego llegaron las empresas floricultoras del vecino municipio de Villa Guerrero. El Estado de México es el primer productor de flor a nivel nacional. Estas flores, en muchos casos, son cultivadas por empresas protegidas por los gobiernos estatales.

Al finalizar la década de los noventa, el pueblo volvió a levantarse para recuperar el río Texcaltengo, concesionado a empresas de flores. La presidencia municipal los cita en diversas ocasiones para calmarlos. En las mesas de negociación, el italomexicano representante de las empresas floricultoras, Alejandro Isaac Basso, los trata de forma prepotente: “A esos indios, ni una gota de agua”.

Después de incursionar con otras personas de Villa Guerrero en territorio de Tlanixco para revisar los manantiales, el cuerpo del empresario aparece en una cañada. Nada queda claro después de eso, pero un ejemplar del Sol de Toluca de ese entonces habla de “linchamiento” y el 1 de abril del 2003 el gobierno comienza un cacería contra toda persona perteneciente a la organización que defendía el agua de Tlanixco.

Durante el foro realizado hace un año, caminé junto con integrantes de Radio Zapote por las calles del pueblo. Un viejo que se encontraba sentado en un puente nos dijo: “Los que están presos no son culpables, son los que defendían el agua”.

El Movimiento por la Libertad de l@s Defensor@s del Agua y la Vida de Tlanixco tiene tres estatutos plasmados en su acta constitutiva: No claudicar mientras que Dominga y los cinco hombres presos no salgan de prisión, solidarizarse con otros movimientos y seguir cuidando su bosque y agua.

Pero los recursos legales interpuestos por los diversos abogados no han funcionado rápido; las visitas a los presos están restringidas a familiares. Todavía hay miedo en Tlanixco, aunque ya han realizado varias movilizaciones internas y continúan enlazándose con otros pueblos y organizaciones: hace veinte días, recibieron a 70 colectivos, algunos del extranjero.

Un comunero de Tepoztlán, Morelos, presente en el evento, dijo que para qué se realizaba este tipo de eventos si seis nahuas de Tlanixco siguen presos, incluso cuando su situación se agrava.

Es para celebrar algo: “Ahora ya podemos hablar y gritar”, dice Rosario

Y yo puedo escribir sobre ello.

www.masde131.com/2015/11/cumple-un-ano-movimiento-para-liberar-indigenas-defensores-del-agua-de-tlanixco/