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Xayakalan, 10 años tejiendo resistencia comunitaria (Michoacán)

Foto: Regina López

Agencia SubVersiones,05 de agosto de 2019

Colaboración entre Radio Zapatista y Agencia SubVersiones
Por Regina López, R. Rahal, La Negra Rb, Camia Plá

Desde la costa hasta la sierra el calor abraza el territorio de Santa María Ostula. Su tierra rojiza y ocre adorna las casas de adobe y palma, mientras los tamarindos se tienden frente al mar y las milpas se levantan más atrás en las montañas. Quien tiene la oportunidad de posar la vista sobre la comunidad nahua de Ostula es testigo de este paraíso, ejemplo de perseverancia en la lucha por el territorio y la autonomía indígena.

San Diego Xayakalan es una de las encargaturas costeras que da entrada al territorio ostuleño por el norte. Circulando por «la doscientos» -carretera federal que comunica varios estados del pacífico mexicano- se llega a ella al encontrar el filtro de seguridad comunitario, primero de varios que la Guardia Comunal mantiene instalados para procurar la seguridad y como puntos de acceso.

El pasado 29 de junio Xayakalan celebró sus 10 años de vida. Con presencia de representantes de las 23 encargaturas que hoy conforman Santa María Ostula —pequeñas comunidades que se rigen bajo la asamblea general y cuentan con estructuras y cargos propios como la Guardia Comunal o los Encargados del orden—, así como de otros pueblos, organizaciones y colectivos; las mujeres, hombres, ancianos, niñas y niños de la comunidad nos recibieron para rememorar juntos el camino andado.

Xayakalan se fundó en 2009 tras la recuperación por la vía de los hechos de más de 1000 hectáreas de territorio que se encontraba en manos de pequeños propietarios y bajo el control del crimen organizado.

El nombre de San Diego Xayakalan alude a Diego Ramírez, primer comunero asesinado por células del cartel de la región. Las familias que hoy habitan la comunidad, queriendo honrar su memoria, la llamaron San Diego, seguido de Xayakalan que en náhuatl significa tierra de Xayakates: personajes míticos que danzan burlones haciendo todo tipo de travesuras, a manera de una tradición que en sí representa la insumisión indígena histórica ante el orden colonial español y en general ante cualquier imposición ajena.

Foto: Regina López

Foto: R. Rahal

Foto: R. Rahal

Foto: Regina López

Foto: Regina López

Preparando la fiesta

Días antes pudimos observar los preparativos para la conmemoración. Por comisiones y turnos de trabajo, todo el pueblo se afanó en los arreglos.

Asistíamos a la organización colectiva del evento, de por sí ya una fiesta que recibía a sus invitados e invitadas, con una manta en donde podía leerse: «Décimo Aniversario [por la] Recuperación de Nuestras Tierras, Comunidad Santa María Ostula, Xayakalan, 28 y 29 Junio 2019».

Bajo la sombra de la enramada y junto a la capilla de la Virgen de Guadalupe, en lo más alto del terreno, las mujeres de la comunidad preparaban presurosas y alegres las tortillas en su fogón comunitario. Mientras, animados también, los hombres tejían adornos de palma para decorar el lugar, a la vez que colocaban la vestimenta tradicional y figuras asemejando a los Xayakates y a los Bartolos (personajes de las pastorelas) a uno y otro lado del templete.

Una exposición fotográfica que se alistaba a ser montada daba cuenta de los rostros de la lucha y la belleza del territorio. Entretanto los muchos niños y niñas correteaban de un lugar a otro, haciéndonos reflexionar que este proceso ha permitido que la juventud y niñez de Xayakalan, mucha de ella nacida durante la resistencia y que por ello es poseedora de una fuerte identidad, hoy pueda crecer y divertirse con libertad.

Por tiempos inmemoriales aquí es nuestro

Al día siguiente, 29 de junio, se inició temprano. Tras la misa, seguida de un gran desayuno, se convocó a las y los presentes a formar parte de una marcha hasta los linderos de la comunidad.

Partiendo de la enramada, espacio de reunión de la asamblea comunitaria, comenzó el recorrido con la Guardia y autoridades comunales al frente hacia el paraje de Las Bugambilias, una fracción de tierra que todavía se encuentra en disputa.

Bajo un sol apabullante se escucharon los ¡Ostula Vive, la Lucha Sigue!, ¡Ostula no se vende, Ostula se defiende! o ¡Vivan los pueblos originarios, viva Zapata, viva EZLN, Viva Ostula! que animaron a todas y todos los que ahí acompañamos hasta el punto denominado «las tres majahuas», colindancia que la gente anciana de la comunidad recuerda les fue reconocida por resolución presidencial en 1964. Sin embargo, y como consta en los títulos primordiales, su territorio va mucho más allá.

Foto: Regina López

Foto: Regina López

Foto: Regina López

Este acto simbólico de recorrer el territorio hasta sus linderos incluyó la intervención de las autoridades de Ostula y su encargatura Xayakalan que, en palabras de su Jefe de Tenencia y Encargado del Orden, compartieron parte del proceso de resistencia y agradecieron la presencia de las y los que llegamos desde otros lugares.

“Nuestro territorio, de allí para acá es nuestro. Quisimos venir para saber en dónde llegamos (…) en este trayecto tuvimos muerte y levantones. Seguimos luchando por nuestras tierras que nos las han heredado nuestros ancestros. (…) Nosotros somos de lucha y vamos a seguir luchando por nuestros chiquitines que vienen aquí atrás de nosotros (Jefe de tenencia Sta Maria Ostula).

Estamos contentos por cumplir estos diez años de aniversario, de lucha por nuestra tierra recuperada (…) Agradecerles a todos aquí y a iniciar este día aquí con esta marcha con todos los compañeros que vienen de diferentes lugares” (Encargado del Orden de Xayakalan)

Ostula resiste desde siempre, Ostula no olvida

La resistencia en Ostula no es sencilla pero camina a paso firme. En el aniversario mucho se habló de ello, porque diez años no son pocos y todo lo ocurrido durante este tiempo ha marcado profundamente a este valeroso pueblo.

Se recordó a los 35 compañeros asesinados y los otros 6 compañeros desaparecidos, en una constante organizativa que, como mencionó el comandante de la Guardia Comunitaria, Germán Ramírez, viene de lejos y todavía continúa.

En varios testimonios resonó que las luchas «no tienen fin», reafirmando que esta experiencia que se viene construyendo «no es de inicio» sino que es la continuidad de «los antepasados», porque este, como muchos otros procesos organizativos, trasciende los tiempos y muestra de ello son las diversas luchas por la defensa territorial y sus todavía prácticas de autogobierno indígena.

Foto: R. Rahal.

Foto: Regina López

Orgullosas sonrisas se vieron durante la narración de una parte de la memoria histórica que expuso la herencia combativa de los ostuleños. Considerados los mejores flecheros de la región, se relató cómo la corona española les encomendó la protección de los piratas. Y que por esta tradición defensiva, que venía desde antes, se les conocía como «los centinelas del mar del sur», antecedente y fundamento jurídico-histórico de la actual Guardia Comunal.

Durante estos últimos 10 años, como allí se dijo, la lucha ha consistido en «organización, organización, recuperación, traición y reorganización.» Y aunque la Guardia Comunal es fundamental para la seguridad comunitaria, este proceso se construye también asistiendo a la asamblea general, fortaleciendo sus estructuras y respetando los acuerdos, cargos y comisiones de trabajo.

Ostula es, en efecto, el movimiento armado que les ha permitido alejar al crimen organizado, pero también es la cocina compartida, la enramada y sus asambleas, el trabajo de la tierra, las faenas en el campo y los turnos en los filtros, sus playas libres del turismo gentrificador y las mujeres que participan y defienden con voz y presencia el territorio. Aquí la resistencia se teje día con día, habitando la tierra, cuidandola y, como presenciamos, en la participación de sus fiestas y recuperación colectiva de la historia y la cultura. Todo ello hace posible la vida comunitaria, incluyendo lo que en muchos otros lugares del país o comunidades cercanas hoy no tienen: la seguridad.

La continuidad del despojo

Aun cuando ya son varias batallas las ganadas, la guerra de despojo en contra del pueblo de Ostula continua. Los intereses económicos del capital neo-extractivista y mercantil continúan siendo la riqueza forestal y biodiversa de las montañas, las playas y puertos para el turismo y el acceso comercial, y el hierro en los cerros para la explotación minera. Como ahí se dijo: «Primero [fue] la tierra, después fue el mar y ahora sabemos que son esas piedras que están allá».

Frente al acecho de los poderes locales en forma de partidos, caciques y narcoparamilitares, las encargaturas organizan su autodefensa indígena. En un país en donde el poder político y la fuerza del Estado está a disposición del poder económico y criminal, ello representa todo un golpe al sistema.

Momentos agridulces se vivieron. Se recordaron los agravios, las injusticias, las traiciones y a quienes ya no están presentes pero viven en la memoria. Historias estremecedoras por las que en algún momento del conversatorio se pidió no aplaudir al finalizar el testimonio.

Foto: R: Rahal

Foto: R. Rahal

Foto: R. Rahal

Por defender su territorio de intereses ajenos, en ésta última década la comunidad ha sido duramente golpeada. Particularmente después de la recuperación de tierras y durante las reconfiguraciones de varios cárteles del narcotráfico que han perseguido a sus líderes, asesinado y desaparecido a compañeros y comprado a algunos otros.

Tampoco han estado exentos de la represión y agresiones por parte del Estado. El 19 de julio de 2015 el ejército mexicano, junto con la Policía Federal, implementaron un operativo para apresar al entonces comandante general de la Guardia Comunal. El resultado fue una incursión al territorio de Ostula por parte de las fuerzas armadas, quienes abrieron fuego contra la población civil asesinando a Hidelberto Reyes García de 12 años de edad.

Este tipo de agresiones no son hechos aislados. Se trata de una violencia sistémica que parece normalizarse más allá de cualquier alternancia en el gobierno. Dijera el subcomandante Moisés, vocero del EZLN, «cambia el capataz, pero el finquero es el mismo», ya que en los apenas ocho meses de la «supuesta transformación», el gobierno en turno ha acelerado los proyectos de desarrollo capitalistas y la militarización sobre el territorio indígena. A consecuencia de esto los ataques narcoparamilitares y asesinatos a defensores comunitarios también se han agudizado.
Baste mirar hacia el sur del país. En Chiapas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) denunciaba el pasado mes de junio el hostigamiento hacia sus comunidades autónomas mediante sobrevuelos a baja altura, robo de vehículos colectivos y mayor presencia militar, intensificada con la llegada de la Guardia Nacional. Por su parte, en Chilapa (Guerrero), los ataques narcoparamilitares hacia las comunidades del Concejo Indígena y Popular de Guerrero – Emiliano Zapata (CIPOG-EZ) son el pan de cada día para muchas familias que viven sitiadas, sin poder trabajar sus milpas ni comprar artículos de primera necesidad, además de los 7 compañeros y una compañera asesinada que participaban en el cuidado y defensa de su territorio. En lo que va de este sexenio ya han sido asesinados al menos diéz miembros del Congreso Nacional Indígena (CNI). Todos eran parte activa en la lucha contra los megaproyectos, es decir, guardianes y guardianas de sus territorios y de los espacios de riqueza biodiversa que aún se conservan en el planeta.


Festejar que Xayakalan Vive

Tras los duros testimonios, la jornada prosiguió conforme a su programa. Era el momento de dar entrada a los Xayakates con sus travesuras, transición perfecta al acto cultural para disfrute de todo el pueblo.

Particularmente emotiva fue la entonación de El Corrido de Xayakalan que, en voz de una compañera invitada y con la guitarra de Ezequiel, reconocido músico de la comunidad, relata el momento preciso de la toma territorial y nacimiento de Xayakalan diez años atrás.

Así, en este aniversario, además de la danza, el teatro, la música y la comida, la ceremonia y las palabras de las y los compañeros y compañeras, Ostula nos mostró una vez más que la lucha por la autonomía es constante y que vivir es resistir, habitar es luchar y festejar es hacer la memoria presente.

¡Vivan los 10 años de lucha y resistencia de Xayakalan!

¡Vivan la comunidad de Santa María de Ostula!

¡Qué viva la Guardia Comunal y las Encargaturas de Ostula!

Foto: Regina López

Foto: Regina López

Foto: Regina López

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