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DE RESISTENCIA Y REBELDÍA

Andrés rapeaba sobre la violencia en Xalapa; murió en el cuartel de la policía (Veracruz)

Andrés en su tienda

Williams Cortez / Primer Párrafo

Xalapa, Ver.- “¡En las calles puedes morir / no es un juego, esto es así/ vida de barrio, vida es gris/ Calle. Calle!”. Así cantaba Carlos Andrés Navarro Landa a ritmo de rap sobre los riesgos de perder la vida en medio de la violencia que se vive en las calles de la ciudad.

Era serigrafista y rapero, tenía 33 años cuando murió aquella madrugada del domingo 3 de mayo en una de las celdas del Cuartel “San José” de la Policía Estatal, unas horas después de haber sido recluido por presuntamente escandalizar en la vía pública y romper los vidrios de una vivienda.

Para los familiares de Andrés su deceso por “infarto fulminante” se debió a la golpiza que le propinaron varios policías el sábado 2 de mayo, cuando fue detenido en el fraccionamiento Jacarandas y que probablemente continúo después, dentro de la cárcel.

Sus sospechas parten de la manera en que el padre de 5 hijos fue detenido.

LA DETENCIÓN

Según se aprecia en un video de minuto y medio de duración que fue subido a redes sociales, Andrés fue cercado por una docena de policías. Él grita que lo quieren secuestrar y que rompió un vidrio de una casa para llamar la atención de los vecinos ante, lo que insiste, era un intento de secuestro. Carga un objeto con sus manos con el que intenta defenderse del ataque pero un ligero descuido permite que dos policías se le avienten y lo tiren al suelo, luego se avientan otros dos y se corta el video. Los policías se lo llevaron del lugar pero ya no regresó vivo a su casa.

Uno de sus primos comentó: “No es justo lo que le pasó, en los videos (que circularon en Internet) se ve que se lo llevaron vivo y nos lo entregaron muerto y todo golpeado”.

Lo anterior no ha sido deslindado por la autoridad pues, a casi una semana de los hechos, a la familia Landa no les ha sido entregado el certificado de necropsia que aclare las causas del fallecimiento.

María del Carmen, mamá de Andrés, dice que está cansada de dar entrevistas a los reporteros pero accede a hablar una vez más pues con ello continúa su clamor de justicia.

“Esto ocurrió el día domingo en la madrugada, es más, a ciencia cierta no sé ni a qué horas falleció mi hijo, me dijeron que de un paro cardiaco pero mi hijo era una persona sana, fue por los golpes que le dieron”, repite.

EL RAPERO

Andrés cantaba rap. En Internet compartía vídeos con sus canciones y de otros grupos de Xalapa.

Como es tradición en ese género musical urbano, sus letras son autobiográficas y en ellas cuenta sobre sus problemas, su paso por la drogadicción, el alcoholismo, el pandillerismo y el constante acecho de la muerte. Pero también habla del vandalismo, la inseguridad y la violencia que ocurre en la ciudad y en su barrio, la colonia Rafael Lucio, como se escucha en Mi Barrio:

“Desde morro la neta anduve en la yeca, de pandillero cuidándome de rivales / La Rafael Lucio es el barrio de mi infancia / mi niñez estuvo llena de vagancia / riñas, drogas y requisas de la flaca”.

María del Carmen asegura que a pesar de la crudeza que hay en sus canciones, Andrés era un hombre alegre y muy noble con sus amigos y su familia.

Dice que la niñez y juventud de su hijo fue difícil y que, quizás, sufrió mucho por la falta de su figura paterna. “Yo soy madre soltera, me quede viuda cuando él tenía 4 meses. Fue mi único hijo varón”, confiesa.

En otro estribillo Andrés rapeaba así:

“Mi figura paterna fue un pandillero / no fue por loco, en mí siempre existió el miedo, pero no hay pedo así es la vida loca / para varios de mis carnales fue muy corta, muchos murieron ya se los fumó la contra / Hay una línea si la cruzas te destroza, se evapora más rápido que una roca”.

Su primo considera que los peores años para Andrés fueron entre los 15 y 27 años, durante “su época de rebeldía, como la de cualquier chavo”.

Esa etapa estaba quedando atrás y su primo buscaba “cambiar y ser otra persona”, asegura el entrevistado. Cuenta que Andrés se había distanciado de la rebeldía para acercarse a Dios. Ahora acostumbraba bendecir a sus amigos y recomendarles asistir a la iglesia cristiana y al grupo de AA que frecuentaba.

Lo hacía así porque durante varios años él mismo “estuvo sufriendo de drogadicción y alcoholismo”, agrega la señora María del Carmen. “Él ya se estaba rehabilitando y quería que sus amigos también se curaran”.

Señora María del Carmen y el taller de su hijo.

EL SERIGRAFISTA

Desde hacía unos seis años Andrés había incursionado en la serigrafía, hacía vinilos para autos y motocicletas, imprimía lonas, elaboraba logotipos para ropa, incluso comercializaba su propia marca con playeras que vendía hasta en 80 pesos entre sus amigos.

En las últimas semanas había disminuido el trabajo y tuvo que cerrar su local en el centro de la ciudad. Pero eso no lo detenía, recuerda su mamá: “él le buscaba, le taloneaba y se iba a la avenida a buscar trabajo donde mucha gente lo conocía y lo buscaba para algún trabajo”.

En su pequeño taller instalado en un cuarto de su casa permanece una computadora, una impresora, un plotter de corte y una plancha para sublimar, la maquinaria en la que realizaba e imprimía sus diseños en playeras, gorras, lonas.

El día de su detención, Andrés había ido a colocar un vinil a un vehículo.

EL HIJO Y EL PADRE

Con su muerte quedaron en la orfandad sus 5 hijos: el menor, un bebé de 15 días de nacido; otro niño de siete; unas gemelas de 12 y un niño de 14 años.

La señora María del Carmen pide una vez más a las autoridades responsables y al gobernador del Estado “que se haga justicia y se investigue para ver qué pasó y que no siga aconteciendo con otras personas”.

A las familias víctimas de la violencia que atraviesan por situaciones semejantes a la suya les aconseja los siguiente: “que no se queden callados porque a veces por miedo se queda uno callado. Pero yo ahorita no tengo miedo porque él era mi brazo fuerte y sé qué Dios está conmigo y tengo confianza en él porque él sabe todo”.

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