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“Organizarse para vivir”: Marichuy en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

Colectivo Grieta, 26 de junio de 2019

Ciudad de México. – El pasado jueves 20 de junio, en el marco del V Congreso Iberoamericano de Filosofía, María de Jesús Patricio -Marichuy-, vocera del Concejo Indígena de Gobierno y Carlos González, ambos integrantes del Congreso Nacional Indígena, recapitularon la importancia del alzamiento del EZLN y de la lucha llevada a cabo por los pueblos indígenas de México frente a la embestida capitalista. Reunidos en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras, llena a reventar de estudiantes y profesores, los luchadores indígenas hablaron de la guerra que están enfrentando los pueblos indígenas de México, y reflexionaron sobre la importancia del ejemplo dado por el EZLN al revelar la profunda injusticia y opresión que se ha ejercido contra los pueblos originarios, así como la posibilidad de rebelarse frente a ella. Esa posibilidad, junto a la rica experiencia de lucha de los pueblos indígenas es clave para sobrevivir y hacer frente al capitalismo y su sed de destrucción.

Explicaron que la guerra de despojo contra los pueblos originarios ha sido una constante en nuestra historia, pues para poder reproducirse el sistema capitalista necesita de los recursos, las tierras y el conocimiento que los pueblos poseen, y que frente a esto, el 1 de enero de 1994, en México se levantó en armas el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, formado por miles de mujeres y hombres indígenas que durante 500 años habían resistido la embestida del capital. Junto a ellos, en 1996, se formó en Congreso Nacional Indígena, y desde entonces, ambos han caminado juntos.

Carlos González habló del origen del Congreso Nacional Indígena (CNI) en 1996 cuando el EZLN abrió el proceso de diálogo en San Andrés a la participación de todos los pueblos indígenas de México. Con los diálogos de San Andrés, nacieron una serie de acuerdos con el gobierno federal entre 1995 y 1996, donde se buscaba el reconocimiento de las comunidades indígenas como entidades de derechos públicos y con facultades que les permitieran autogobernarse. Los Acuerdos de San Andrés buscaban, sobretodo, robustecer la base de derechos para las comunidades indígenas. Pero, como siempre en la política de arriba, el 28 de abril de 2001, los diputados y diputadas de los partidos políticos, incluyendo aquellos que se denominaban de izquierda, ejecutaron una de las más altas traiciones realizadas en contra de los pueblos indígenas. Contraviniendo lo acordado en San Andrés, hicieron modificaciones sustanciales al documento pactado; y en lugar de reconocer a las comunidades como entidades de derecho público, una de las piedras angulares para el crecimiento de su unidad política, las reconocieron como comunidades de interés público, es decir, como entidades sujetas a tutela por parte del Estado, mostrando así el profundo desprecio que sienten por los pueblos indígenas, pues no los consideraban sujetos de derecho.

Los luchadores indígenas explicaron que, para el CNI, en ese momento se hizo evidente que se orquestaba desde la vía legal, la guerra de despojo contra los pueblos originarios, guerra que con el paso del tiempo, y con el actual gobierno, se ha vuelto cada vez más violenta y más mortal. “Engañan a través de dádivas, de dinero. Se aprovechan de las necesidades de los habitantes de las comunidades, pero hay pueblos que caminan firmes y van a seguir resistiendo”, dice Marichuy.

A pesar de la traición de toda la clase política a los acuerdos de San Andrés, la construcción de la autonomía en las diferentes comunidades indígenas se fortaleció, y en 2005 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional sacó a la luz pública su Sexta Declaración de la Selva Lacandona. El hecho del que CNI abrazara y asumiera los planteamientos de la Sexta, ratificando su postura como acompañante del EZLN y de las luchas de abajo, por declararse como organización de abajo y a la izquierda, cuenta González, “trajo como consecuencia una embestida violenta por parte de los diferentes gobiernos en turno, los cuales han buscado eliminar a estos pueblos”, y es que en octubre de 2016, a través del comunicado “Que retiemble en sus centros la tierra” (http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2016/10/14/que-retiemble-en-sus-centros-la-tierra/) el CNI y el EZLN dieron a conocer su decisión de dar un nuevo paso en la lucha, para reconstruir un proceso organizativo nacional que permitiera resistir y sobrevivir a la tormenta capitalista. Desde entonces, los ataques contra las comunidades indígenas no sólo no han cesado, sino que se ha recrudecido de forma brutal, particularmente en los últimos 6 meses, en los que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se ha empeñado en llevar a cabo los diferentes Megaproyectos que iniciaron sus antecesores. “Hay una embestida contra los pueblos, compañeros muertos ydesaparecidos, ahora está peor que antes (…) Los proyectos siguen y los van a llevar a cabo aún con sangre de los pueblos indígenas, no es cierto que van a escuchar a los pueblos, por eso los pueblos deciden seguir organizándose, seguir resistiendo, y convocando a otros para pensar cómo hacerse fuertes”, señaló Marichuy durante su participación.

Lo anterior se ha visto magnificado desde el año 2016 cuando el CNI cumplió su 20 aniversario y propuso la creación del CIG, y con ello nombró a María de Jesús Patricio como representante, quien fungiría como vocera de los pueblos originarios; a través de ella, las comunidades indígenas nos harían llegar su voz, sus padecimientos y sus luchas.

A partir de 2016 y más aún a partir del presente año, la ocupación de territorio indígena por parte de los malos gobiernos a través de la militarización y de la puesta en marcha de variados programas educativos y culturales -los cuales llevan la intención de desaparecer las lenguas y las culturas originarias- ha traído como consecuencia una violencia creciente, que provoca la migración masiva y por lo tanto, un retroceso en el proceso organizativo: “los pueblos se están vaciando y vemos que esto va a continuar porque es una política contra todos los pueblos de este país. México está siendo desmontando y destruido por quienes tienen el poder político y económico en el mundo. Viene de más arriba porque son políticas y acciones globales que tienen un fin, favorecer la acumulación capitalista a través de ensanchar el libre mercado, a través de acrecentar esa acumulación por medio del despojo, pero también por medio de la guerra continuada, por medio de las epidemias, por medios cada vez más brutales, no hay límites” explicó Carlos González.

En México esta violencia brutal se expresa a través de una guerra directa apoyada en los cárteles, que están entramados con las estructuras del Estado y que van de la mano con una militarización exponencial que es la que viene con la Guardia Nacional. Con ello se busca la imposición de grandes proyectos que impulsan el capitalismo extractivista. Muestra de ello son el Proyecto Integral Morelos, el Proyecto Transismico y el Tren Maya, los cuales de una forma u otra buscan reordenar el territorio y la población. Los gobiernos de arriba siempre menospreciando a los pueblos y sus resistencias, pensaron que podrían llevar a cabo sus proyectos sin problema, no consideraron que las comunidades iban a resistir, se equivocaron. Los pueblos resisten y se organizan en contra de las políticas extractivistas del mal gobierno y su llamada 4T.

Marichuy llamó a la organización y a estar atentos, pues “la guerra no sólo es contra las comunidades y los pueblos, sino que también se manifiesta en las colonias y los barrios, en los ámbitos urbanos”, lo que constató durante el recorrido que como vocera, acompañada de las y los concejales del Concejo Indígena de Gobierno, hicieron en 29 de estados de la República Mexicana. “Eso es lo que miran los pueblos”, nos dice Marichuy, “que esta guerra no solo continuará, sino que se hará más cruenta, por lo que hace hacer falta encontrarse, conocerse y organizarse para crecer más y poder resistir el golpe que viene, organizarse para vivir”.

Para terminar, Marichuy explicó que frente a esta tormenta global y recrudecimiento del neoliberalismo a escala nacional: “Todas las luchas son importantes, pero falta más para poder derribar al monstruo y recuperar el territorio y heredar a los que vienen atrás, sin someterse ante el poder. Es necesario hacer más amplios al CNI y al CIG, que sean fuertes y que se tenga claro hacia donde se tiene que caminar. La tarea es que todos aquellos que sienten lo que los pueblos sienten, que no están dispuestos a perder la vida, los que sienten que hay que defender la tierra son parte de esos pueblos que luchan. Si los pueblos se mueren se acaban la tierra y al revés, por eso hay que defenderlos, esa es la tarea”. Y abundó “Vamos a luchar porque solo nosotros podemos hacer ese cambio.”

De ese tamaño fue el reto que dejaron sembrado, ahora en un aula universitaria, las reflexiones que desde la lucha compartieron como parte del CNI y del CIG. De paso, demostraron una vez más lo mucho que podemos aprender de la mirada de los pueblos indígenas organizados, una mirada que no solo viene de siglos de resistencia, sino que ha sido la más capaz de nombrar al enemigo -el capitalismo- y alumbrar caminos para construir en colectivo la resistencia y rebeldía.