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DE RESISTENCIA Y REBELDÍA

Susana Prieto: la abogada del diablo… y de los obreros

Lydiette Carrión/Pie de Página

2 julio 2020


Foto: RodC y Omar Dazaeff

Susana Prieto ganó notoriedad mediática en poco más de un año. Pero su historia es mucho más larga: ha sido obrera, actriz, 30 años de abogada, estrella de youtube, educadora de obreros, y hasta feminista y zapatista. Este es un perfil de la abogada laborista que este miércoles fue liberada

Pietá: Tu fábrica, esta casa, no las hemos robado, ¿no es verdad?

Meyer: todo ganado honestamente, en libre competencia.

Egon Wolff. Los Invasores

Texto: Lydiette Carrión

Foto: RodC y Omar Dazaeff

Es una fotografía que se ha repetido una y otra vez en redes sociales. Una fotografía que incomoda. Susana Prieto es una mujer de edad mediana, con rostro agraciado y cabello negro. El maquillaje perfecto y unos lindos aretes de moda cuelgan de sus orejas. Se ve “señora bien”. Pero algo desentona: lleva una camiseta roja con un puño negro y la leyenda: “Obreros en lucha”. En otra foto, varios hombres la rodean mientras marchan: Los obreros de Matamoros y su abogada.

Ella lo resumió en una entrevista con Pie de Página: “Unos nos me llaman socialista y otros me llaman millonaria… También me dicen que soy maléfica, que los trabajadores le vendieron su alma al diablo y el diablo me envió”.

Susana Prieto ganó notoriedad mediática en poco más de un año. Pero su historia es mucho más larga: ha sido obrera, actriz, abogada “buena”, abogada “mala”, estrella de Youtube, educadora laboral, y a veces hasta feminista y zapatista. Lo único que no ha dejado de ser es norteña.

Juarense
Ciudad Juárez, mediados de los años ochenta. Un narrador de lujo que describe esa frontera pocos años antes de la destrucción: El actor Joaquín Cosío.

“Era un juárez muy disfrutable. Como buena frontera siempre fue intenso, violento de alguna manera, pero tenía una vida nocturna muy atractiva. No era el Ciudad Juárez de hoy que ha sido vejado dramáticamente por el narcotráfico. Era una ciudad caminable… Tierras de nadie, crisoles de varias culturas, de historias emotivas, de personajes singulares… Y la frontera nos ha marcado… Ella, Susana Prieto, es una juarense absolutamente legítima y totalmente coincidente con los estereotipos de la mujer norteña: frontal”.

Susana creció en la casa familiar, en la colonia Melchor Ocampo, o mejor conocida en Juárez como la “Malhechor Ocampo”: un barrio urbano popular a pocos kilómetros de la frontera, casas de un piso, calles relativamente ampias –indefectible influencia de su ciudad gemela, El Paso– y los cielos imposibles del desierto.

Ahí creció Susana en una familia típicamente norteña, clasemediera y pujante. Susana se pagó la escuela trabajando en las maquilas. Su hija, María Fernanda Nieto dirá después que ahí fue cuando se convenció de que esos ambientes eran terribles.

“Ella estuvo en contacto con los abusos y las faltas de respeto que se viven en la maquila… hasta condicionan a mujeres, de: ‘ah, ¿pues quieres horas extra? ¿qué me vas a dar?’. Ella supo que ese no era un ámbito en el que quería estar”.

El machismo, rodeando la vida de Prieto, como la de todas las mujeres. María Fernanda también recuerda otra anécdota que su madre le habrá contado en alguno de esos momentos de intimidad entre madre e hija: Susana odiaba la carrera de leyes.

“Ella no quería estudiar Derecho, inicialmente quería ser ingeniero petroquímico. Pero mi abuelo la convenció de que no. Le decía que era una mujer demasiado bella para estar enmedio del océano en una plataforma petrolera con quién sabe cuántos hombres.”

Así que entró a la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, hija de la universidad pública, de cuando todavía era una herramienta de movilidad social. Y también le interesaba el teatro y se metió a la compañía de teatro de la universidad. Conoció a un joven Joaquín Cosío, entonces egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación.

Era una compañía de teatro que buscaba romper con el teatro costumbrista que se hacía en los estados. “Nosotros coincidimos con lo que se llamó el nuevo teatro mexicano, como Víctor Hugo Rascón Banda, la misma Sabina Berman, con un teatro más inmediato, más violento,” narra Cosio.

La Tole Tole
Ciudad Juárez, ¿1986? ¿1987?

Tole tole es joven, fue rubia y hermosa. Viste harapos. Luce una rosa encarnada de raso en el pelo desgreñado. Así la describo el dramaturgo chileno Egon Wolff en su obra Los Invasores. Susana Prieto estudiante de Derecho la interpreta.

Un joven actor juarense, Joaquín Cosio, interpreta a Meyer, el rico dueño de una fábrica, y cuya casa es invadida por la chusma violenta y desagradable. Pero al paso de la historia se sabrá que Meyer mató para hacerse de la fábrica y uno de los invasores, compañero de Tole Tole es hermano de la víctima.

“Había una escena en los Invasores, recuerda Marco Antonio García, también amigo de aquella época y ahora miembro de la Compañía Nacional de Teatro. “Susana hacía de Tole Tole, un personaje muy inocente, pero a la vez violento. Y hacía un baile, un poco festejando la invasión de esa casa.”

“Todos recordaban el baile de la Tole Tole”, rememora Marco Antonio.

Joaquín Cosio la recuerda como una actriz bastante buena. “En teatro, la voz es un recurso bastante necesario, bastante solicitado: la fuerza de la voz. Y Susana lo tenía. Y además era, como sigue siendo, una mujer muy guapa, muy bella, muy fuerte. En fin, que pronto ganó el escenario de manera muy natural.”

En aquellos tiempos, como en toda la provincia –como en todo el país– la compañía ensayaba por meses para presentarla tres días. “Hacíamos mucho teatro para verse por tan poca gente”, narra Cosio.

“Éramos profundamente felices. Los tiempos que vivimos me marcaron”.

“Fue a inicios de los noventa, entre el 91 y el 93, que dejó de hacer teatro con nosotros y se dedicó más al trabajo como abogada laboral”, agrega García. “Muy connotada. Y sabíamos de ella. En juárez tiene un despacho en la calle Ejército Nacional».


Susana Prieto y el movimiento 20/32 en San Francisco Tlalnepantla. / Foto: Omar Dazaeff

Laboralista
Inicios de los noventa. El Diario de Juárez, quizá el más emblemático de la ciudad- Ignacio Alvarado era entonces jefe de Información.

“En el periódico había una onda de que te voceaban desde Recursos Humanos [toda la redacción escuchaba], y ¡Uy! Era signo de que ya te corrieron. Y eso sucedió una mañana con una reportera que Alvarado había contratado.

“Al día siguiente, cuando llegué a la oficina, esta chava no se presentó, pregunté y alguien me dijo que la habían citado a Recursos Humanos y que seguramente la habían corrido…”.

“A esta reportera la busqué pero no me contestó el teléfono. Ella fue directamente con Susana [Prieto], iniciaron defensa y a mí me citan como testigo en Conciliación y Arbitraje.

Cuando llegó a rendir su declaración, ahí estaban ambas, quienes “parecían fieras enjauladas”. “Me preguntaron que si me constaba el despido en los términos en que Bárbara lo narraba. Y conté lo que sabía: que la habían llamado, que dijeron que la habían despedido, pero no sabía de primera mano lo que habló con el gerente. Y Susana se me fue encima como no tienes una idea. Me dijo: ‘eres un cobarde miserable’.

Ignacio “nacho” Alvarado se ríe. Ahora son amigos, Susana y él. “A lo que voy con esta anécdota, que es muy personal, es que ella generalmente ha estado del lado del trabajador”.

Influenza: La otra pandemia
Después, cubriendo información Alvarado se encontró con Susana Prieto muchas veces y se hicieron amigos.

“Susana no les gusta” a empresarios, a políticos, advierte Alvarado.. “Afecta sus intereses”. A finales de los noventa se concibió el proyecto Jerónimo-Santa Teresa, que sería una ciudad binacional manufacturera. La idea era tener una ciudad industrial, cuyos habitantes-trabajadores no tuvieran problema en ir de un lado a otro de la frontera.

Ahí, en los siguientes años abrió una planta ensambladora de Científica Atlanta, filial de Foxconn, la trasnacional de capital chino famosa por los suicidios de sus trabajadores debido a los infiernos laborales.

“Esta planta se erigió como una especie de fortaleza con dormitorios, y ahí hubo un brote de influenza”. “Los tenían como prisioneros”, resume Alvarado. “Y ese tema lo tomó Susana y ganó”.

El litigio se terminó en 2015. Cuando pagó la empresa, los obrero cobraron y ella se llevó su porcentaje. Ese mismo día llegaron a su despacho unos tipos armados. Al esposo lo golpearon, y a ella la intimidaron. Supuestamente se trató de un asalto. Pero pues no.” No hay forma de comprobarlo, pero realmente Susana tocaba intereses”. Al único detenido, plenamente identificado, lo dejaron la policía lo dejó libre. Susana acusó al gobernador de Chihuahua de estár detrás del asunto.

Alvarado remata “No es solo que caiga mal, o moleste, sino que toca o ha tocado intereses”. Ignacio Alvarado narra Susana tenía miedo. Pero continuó defendiendo obreros. «Como dice el peje, no es que no tenga miedo, pero no es cobarde».

Eso, aunado a una ola de secuestros contra médicos –el esposo de Susana es médico de profesión– los decidió a mudarse a El Paso, la ciudad gemela de Juárez, del lado texano.

Los privilegios de la clase media
La acusan de ello: de vivir en El Paso. Sin embargo, en aquellos años unos 30 mil juarenses huyeron a El Paso debido a la inseguridad. El esposo, debido a temas de permisos, no pudo ejercer su profesión en Estados Unidos. Entonces se dedicaron a comprar a casas semiderruidas y a remodelarlas.

Les fue bien en bienes raíces, explica Alvarado. Por ello la acusaron de ser millonaria y corrupta, desde la prensa mexicana. “Tiene una mansión [SIC] valuada en 400 mil dólares”, denuncian diversas notas.

Una casa de 400 mil dólares en 2015 –aproximadamente cuando la familia la compró– implicaba una casa de aproximadamente 6 millones de pesos: la propiedad de una familia de clase media alta, sí. Mas no una mansión.

Leticia Ruiz Arroyo es una activista por los derechos humanos y feminista en Juárez. Ella suelta:

“¿Sí has leído lo que se ha publicado?, ¿que la acusan de manera perversa de enriquecimiento ilícito? La acusan de cobrar su trabajo. ¿Qué querían?, ¿que no cobrara? Yo soy maestra y cobro por dar mis clases. Ella tiene un salario de abogada, y ella decide en qué casos cobrar y en qué casos no cobrar.”

Punto de quiebre: Lexmark
Para 2015, llegó el movimiento laboral más importante en la carrera de Susana Prieto: la huelga de trabajadoras de Lexmark.

El propio Alvarado escribió sobre ello: “76 trabajadores del gigante de impresoras, Lexmark, fueron despedidos y amenazados con enfrentar un proceso judicial después de haber paralizado labores para exigir que se cumpliera el aumento salarial de nueve pesos diarios — unos 50 centavos de dólar — que se les había prometido en el verano.”

Leticia Ruiz Arroyo es una activista connotada en Juárez. Ella relata que fue justo en el plantón de Lexmark fue que Prieto Terrazas “descubre la importancia de la movilización de los obreros para las victorias. Porque ella antes solo se movía en lo legal».

Durante seis meses que duró el plantón, éste se convirtió en el punto de reunión del activismo en Ciudad Juárez. “Hicieron un cuartito, y ahí pasaron el invierno”, narra Ruiz Arroyo. María Fernanda Nieto, hija de Susana, refrenda: hacía un frío horrendo y trajeron una estufita. Entonces debías elegir entre ahogarte dentro del cuartito o congelarte afuera.

“Las personas que estamos en el activismo aquí en Ciudad Juárez, de un momento dado de una manera u otra nos acercamos a apoyar ese plantón. De diferentes posturas nos acercamos al plantón, no necesariamente a Susana”.

Durante ese tiempo, hubo elecciones en el estado de Chihuahua y el movimiento obrero junto a susana decidió lanzar una candidata independiente. Esta estrategia se replicaría años después en el movimiento de Matamoros. Eso, junto a colecta de firmas, activismo, hizo que obreros de otras maquilas confluyeran.

En ese entonces Leticia Ruiz y otros activstas estaban apoyando a los padres de los 43 normalistas víctimas de desaparición forzada en Ayotzinapa. “Gestionamos que algunos mamás y papás vinieran. Ellos venían a la ciudad de Chihuahua de manera regular, pero no llegaban a Juárez.”

Los activistas hablaron con Susana y acordaron recibirlos en el plantón de Lexmark. Esto fue un parteaguas en el movimiento social en Ciudad Juárez.

Leticia Ruiz recuerda ahí un momento que no fue público. “Ella no lo hizo público, porque no se trataba de publicidad. Fue algo que los demás no vieron y no supieron. Pero la compañera les donó 43 mil pesos a los papás. Yo lo sé porque fungí de testiga cuando les entregó el cheque, antes de que partieran del plantón… Es muy solidaria”.

Otras anécdotas llegan de otros lados: cuando pagó los boletos de avión para que las madres de víctimas de feminicidios asistieran al encuentro de mujeres en Chiapas… encuentro al que por cierto ella fue, con su hija de 23 años.

¿Quién es Susana Prieto?
Así titulan varias notas en los medios. ¿Quién es?

En 2016, ante un conflicto de los trabajadores de Altos Hornos de México en Coahuila, Prieto Terrazas salió a relucir. Y treinta obreros renunciaron a la CROC. El entonces líder de la sección 147 de la CROC acusó a la abogada de “desestabilizar la paz laboral de la región”.

En enero de 2019, cuando explotó el caso de Matamoros, Mario Enrique Morales la acusó de “extorsionar empresas”. Y recuperó declaraciones del presidente de la CROC en Coahuila, quien dijo: “Su modus vivendi es ese, se ha dedicado a esto en los últimos años, a agarrar a trabajadores inconformes en las juntas de conciliación para meter las demandas”.

Cabe recordar que la CROC, una de las centrales de trabajadores más importantes de México, pasó casi desde sus inicios a formar parte de la estructura corporativa del PRI y se dedicó a captar pequeños sindicatos, preferentemente.

Sin embargo, estas acusaciones también se han hecho eco en algo innegable: Prieto Terrazas tiene mal carácter.

Una mujer de mal genio
“No tiene filtros para hablar”, explica Mariela Castro Flores, activista feminista radicada en Chihuahua. “Y eso incomoda”. Esto le ha traído problemas.

Y es que en general a una mujer no se le perdona tener mal carácter. A un hombre puede que sí. A una mujer, no.

Su amigo, Joaquín Cosío lo dice sin tapujos. “Yo sé que es una figura polémica, que su estilo personal, que es al mismo tiempo lo que le puede generar esos éxitos, y al mismo tiempo puede ser su arma en contra. Pero yo confío en ella.”

Cosio resume: “Mi orientación es que es un abogada honesta que asume causas perdidas”. Ella es “una norteña briosa de un gran corazón”.

Marco Antonio García advierte otro matiz:

“Acá en el norte hay un machismo un poco retorcido. Entonces hay algunas mujeres, bastantes mujeres, como Susana, como mi esposa, tienen un temperamento fuerte. Esto de alguna manera para oponerse”.

Leticia Ruiz y Mariela Castro, lo ven desde el feminismo: el entorno del derecho laboral es tan masculino que ella ha debido de hacerse de modos masculinos para sobrevivir.

Y a este rasgo de carácter se suma otro: nadie puede seguirle el paso.

Todos coinciden: sus excolaboradores, su hija, sus amigos: Prieto Terrazas trabaja más de 18 horas al día, y pocos le siguen el paso. Su despacho por ello creció. En 30 años de trabajo abrió bufetes también en Ciudad Victoria, Reynosa, luego Matamoros, aunque el más importante es el de Juárez. Sólo en su ciudad atiende unos 1 mil 500 casos al año. El ritmo de trabajo impide que muchos de sus colaboradores resistan el ritmo.

Este es un colaborador de ella durante el movimiento 20/32. Él decidió de trabajar con Susana, por el mal carácter de ella. Pero él está convencido: Prieto Terrazas es una persona honesta y comprometida.

«No conozco a ningún abogado laboral con esa capacidad».

De sol a sol
“Una cosa que todo el mundo le reconoce a Susana: trabaja como loca. Así, como loca. Y lo puedes comprobar; ella duerme más o menos 4 horas al día. Si bien va. Si no, andará en unas 3 horas.

Durante el 20/32, “Susana tuvo un chingo de trabajo. Pese a que el trabajo era demasiado, Susana dio el ancho. Un trabajo pesadísimo: revisar contratos, cuestiones organizativas, ir, venir… Pero a la par del movimiento, ella mantiene una familia. Pese a toda la complicación, Susana mantuvo la relación con su familia. y hasta donde yo sé, bastante buena. No descuida a su esposo, ni a sus hijos, se mantiene cerca de su mamá.

–¿Cómo hacía eso?

–Viajaba. Tan pronto tenía un chancecito. Viajaba, se desaparecía. Y aparecía allá en Juárez. Todavía publicaba [en redes sociales] fotos de que comía con su esposo. ¡La muy cabrona [expresado con cariño] todavía tenía el chance de cocinarles! Y al día siguiente estaba de vuelta en Matamoros.

“Me impactó la gran pinche capacidad de hacer malabares por todos lados.”

Matamoros: 20/32
“Matamoros fue una ciudad que la buscó a ella. Susana prieto tiene un canal de youtube en el que se dedica a dar educación a los obreros sobre sus derechos”, narra María Fernanda Peña, su hija.

Ahí la vieron los obreros de Matamoros, y la buscan. Prieto Terrazas llegó en enero de 2019 a Matamoros. Los trabajadores de casi cien maquiladoras y empresas se fueron a huelga. Un hecho inédito. Consiguieron un aumento salarial del 20 por ciento y un bono único de 32 mil pesos.

La recibieron y la procuraron “miles de obreros. Una cantidad enorme de obreros, con tanto amor, tanto cariño. En Matamoros se le enseñó un amor muy grande a ella”, recuerda su hija María Fernanda Peña.

Morenista, napoleonista, socialista
Fue por el caso de Matamoros, que Prieto Terrazas tuvo visibilidad nacional. Los sindicatos la acusaron de ser cercana al Partido Morena, y de querer desestabilizar el gobierno local. En Morena, la acusaron de querer desestabilizar el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Yeidckol Polevnsky, dirigente nacional de aquel partido, la calificó de “deshonesta”, por haber hecho “tanto daño” a las maquiladoras y a sus trabajadores.

Entonces fue vinculada con Napoleón Gómez Urrutia; y Polevsky dijo que Prieto era la antítesis. Ya que la abogada busca “que las inversiones se vayan de México”.

Cada victoria, a un alto costo
En los hechos, el 20/32 es el movimiento obrero más grande de la historia reciente. Y ganaron.

A la huelga histórica de Matamoros vino la participación del movimiento en las elecciones por medio de obreros como candidatos independientes. Y luego la creación de un sindicato. Todo a contracorriente, en una entidad donde la línea entre narco y gobierno es muy borrosa. “Matamoros lo conozco bien”, resume Ignacio Alvarado. “Es genuinamente un narco estado”.

Para junio de 2019 Pie de Página habló con Susana Prieto. Ella narraba los problemas de crear un sindicato independiente:

“Nos hemos quedado solos. Cuando inició el movimiento, y cuando conseguimos el registro sindical, varias centrales internacionales nos piden que nos adhiriéramos a tal o cual confederación. Y yo contesto: ‘no, eso es una traición a la clase trabajadora’.” La abogada explica que actualmente, la CTM (a la que pertenece el SITPME –de Jesús Mendoza– recibe el 70 por ciento de las cuotas sindicales de los sindicalizados de Matamoros. “Y los líderes locales operan con el 30 por ciento. ¿Sabes cuánto le queda a los trabajadores? Nada.”

“Nosotros creemos que si los obreros juntan sus cuotas sindicales, ellos lo podrían usar, para guarderías, mejorar sus servicios, para su bienestar, pues”.

Pero la abogada reconoce: “Lo que sé es que si sigo sola, me meten a la cárcel o me van a matar”.

Ahí en Matamoros es “donde yo creo que ella encontró su sueño”, narra su hija María Fernanda: que la gente tuviera la iniciativa de educarse y luchar por sus derechos. Que la gente tuviera la valentía.” Porque, como siempre le dijo su madre, Susana:

“Si no luchas tú, por tus derechos, no estás luchando por los derechos de tus hijos. Específicamente eso. Si tus hijos crecen y ven que no te involucras, y te quedas en tu casa, quejándote, o creyendo informes falsos, y peleándose con los unos o los otros, entonces es la misma educación que estás dando”.

Abajo y a la izquierda
María Fernanda Nieto aclara: Prieto Terrazas nunca se ha afiliado a ningún partido. Cuando era muy jovencita, por influencia del padre simpatizaba con el PRI. Luego, en la universidad rompió ideológicamente con su familia. Y fue una abogada laboral, eficiente pero encuadrada muchos años, hasta 2014, 2015, que descubrió y se conmovió del movimiento obrero. En años recientes apoyó a AMLO. “Pensaba que sí iba a trabajar por lo obreros, pero se desencantó”, narra María Fernanda.

Poco a poco se ha ido acercando a otra brújula política: abajo, a la izquierda y feminista. Ella y su hija asistieron a la reunión de mujeres en los Caracoles Zapatistas.

Encuentro feminista
María Fernanda y su mamá fueron juntas. “De hecho fue la primera vez que yo atendía una reunión feminista. La verdad, mi mamá me criticaba, porque yo era más como mi papá. Mi papá es como más derechista. Yo en mi ignorancia, pues es que las mujeres y los hombres somos iguales, pensaba. Y sí, somos iguales, pero no se nos trata igual.

«Fue un momento en el que mi mamá y yo nos acercamos muchísimo. Las dos fuimos sorprendidas [por el encuentro]. Éramos mujeres de todo el mundo. 15 mil mujeres. Algo que nos encantó: las mujeres del EZLN estaban muy enfocadas en aprender qué era lo que estaba pasando alrededor del mundo… Y me encantó. Fue divertido, y liberador.»

La última pandemia
La última vez que Pie de Página habló telefónicamente con Prieto Terrazas fue en el contexto de la pandemia por Covid 19, el pasado 3 abril de 2020. Ella denunció que las maquiladoras, tanto en Juárez como algunas en Matamoros, violaban la orden de detener el trabajo no esencial. Ya se hablaba de “neumonías atípicas”. En toda la frontera, los obreros y obreras de la industria maquiladora ha sido el sector más lastimado por la pandemia de coronavirus.

Y después vino su encarcelamiento y de nuevo el denuesto… Este miércoles fue liberada con condicionantes…

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