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”Con este ‘sueldito’ no voy a sobrevivir con la pensión que me tocará”

Y a ti ¿te preocupa tu fondo de retiro para el futuro? (Foto: Cuartoscuro / Archivo)

Marco Antonio Martínez/La Silla Rota

Lilián tiene 35 años. Trabaja desde los 18. Aunque dejó de trabajar un par de años, no esperaba que luego de 15 años de estar en distintos empleos, sólo tenga ahorrado en su afore 150 mil pesos.

“Al revisar mi estado de cuenta me apareció que si quiero pensionarme o jubilar con seis mil pesos mensuales, te dice cuánto debes aportar más”, algo que la desconcertó, pues esa cifra sería de todos modos una cantidad baja para vivir su retiro.

Un asesor de su afore, Banorte 21 se acercó a la dependencia donde trabaja, y le dijo que para pensionarse con su sueldo actual debe llegar a la cifra de un millón en su estado de cuenta. Un monto del cual aún está lejos. Fue por eso que además de elegir aportar el 2 por ciento de su salario, comenzó a hacer aportaciones voluntarias en efectivo a partir de este año.

Al preguntarle si gana seis mil pesos al mes, responde que no, que gana más, pero seis mil pesos es lo que reporta la dependencia gubernamental para la que trabaja. Entonces sus aportaciones para su retiro resultan raquíticas.

“El sueldo del gobierno se divide en dos, sueldo base y compensación garantizada, el primero es chiquito y luego está la compensación garantizada. Te pensionan con el sueldo base. De hecho aquí hay gente grande que no le conviene y no se puede jubilar. Yo con este sueldito no voy a sobrevivir”, avizora.

“Sí me preocupa porque quieras o no cuando me quiera jubilar o pensionar, así como está todo tan caro va a ser difícil. Aparte que te ponen con muchos años de trabajo”.

Otra historia es la Édgar, que no ha dejado de trabajar, pero sí dejó de cotizar de 2016 a 2018, ya que aunque trabajaba en una dependencia oficial, una empresa que operaba por outsourcing era la que le pagaba y lo hacía por honorarios. Aunque podía hacer aportaciones de manera voluntaria, por sus gastos y el hecho de tener que pagar él mismo sus impuestos, optó por no hacerlo.

Este año su situación y su vida cambiaron. Aún trabaja para el gobierno, y es una empresa privada la que le paga, pero ya no lo hace por honorarios, con lo cual ahora tiene IMSS y ya paga aportaciones a su afore. En el plano personal se convirtió en padre. Antes estaba despreocupado por el tema de las aportaciones para las pensiones, pero con el nacimiento de su hija ya no puede permanecer indiferente.

Aclara que en otros trabajos sí ha tenido IMSS y ha pagado aportaciones, pero nunca se puso a averiguar cuánto tenía, menos estuvo en sus planes hacer aportaciones voluntarias.

Pero luego de la cancelación del nuevo aeropuerto internacional, a fines del año pasado, sí revisó su estado de cuenta y notó que Profuturo le notificó que en ese trimestre su saldo había bajado 6 mil pesos.

Pese a que la afore en la que está inscrito le manda correos electrónicos y le sugiere aportaciones, hasta hace unos meses no le prestaba atención. Pero ya lo comenzó a hacer y lo que ha visto no le gusta mucho.

“Con lo que he ahorrado no voy a tener una buena pensión. No me preocupaba antes de que naciera mi hija, ahora sí quiero ahorrar para mi retiro”.

“Ha tenido en mente hacer aportaciones voluntarias, pero tiene gastos del día más prioritarios. “Con mi hija hay muchos gastos y ya no queda para la afore. O ahorras para la afore o para los pañales. Sí me gustaría aportar más pero no hay dinero que alcance. Espero que cuando esté viejito pueda aportar más”.

Algo similar le pasa a Gladiola. De los 14 años que lleva en el mercado laboral, sólo ocho ha cotizado. Y la situación no parece diferente ya que ella cobra por honorarios y no tiene oportunidad de aportar porque con lo que gana apenas le alcanza para ella y para los gastos de su casa.

Reconoce que a sus 32 años el tema ya le preocupa.

“Pienso qué voy a hacer, está complicado no tener esta garantía”.

Pero no solo las personas comprendidas en el sector de treintañeros y quienes ya están inscritos en el nuevo régimen de pensiones a través de cuentas individuales a través de administradoras de fondos para el retiro de los trabajadores (Afores) les preocupa.

Doña Isabel, de 73 años, es un ama de casa. Dedicó los años de su matrimonio al cuidado de su hogar y a la atención de sus hijos, que ahora se hacen cargo de ella. Pero también está inscrita al programa de la pensión universal del gobierno federal y lo estaba desde antes. Además que recibía otro de 70 y más del anterior gobierno federal y que usaba para la despensa. Con eso le alcanzaba para comprarse cosas personales y tener dinero a la mano.

“Es que en realidad el dinero nunca sobra. A mí mis hijos me dan pero yo también necesito dinero para medicina y me da pena pedirle. Cuando me debo ir a comer debo tener dinero en la tarjeta”, dice.

Pero con el cambio de gobierno vinieron algunas modificaciones que le afectaron. Con el nuevo censo para revisar los padrones del programa que se convirtió en federal, ocasionaron que doña Isabel se quedara sin recibir la pensión de enero a mayo.

Pero además del monto que en total rebasaba los 3 mil 100 pesos, se redujo a 2 mil 500 porque lo que recibía de 70 y más ya no lo recibe. A ello se suma que la tarjeta en la que usualmente recibía el pago, una Bancomer, ahora debo cambiarla a una de Banco Azteca, una institución bancaria que tiene menos sucursales a la mano, que tiene menos cajeros y está más llena.

Aunque reconoce que la tarjeta de la pensión universal es muy útil, está inconforme porque al eliminar la de la 70 y más –que era federal- tiene menos dinero, pero además no le parece justo que otras personas pensionadas que reciben buena pensión, de hasta 40 mil pesos como un primo suyo, también reciben “la de Andrés Manuel”, lo que no considera justo.

“Él, que no necesita, puntualito le depositan y a nosotros que estamos fregados no”.

Como rarezas del pasado quedarán algunas pensiones en las que los trabajadores desde los 50 o 55 años dejaban de trabajar y además percibían su sueldo con el que dejaron de trabajar e incluso algunas prestaciones.

Ahora son cuentas individuales, sean del gobierno o de empresas particulares.

Un caso de prestaciones anteriores al sistema de afore es el de la hija de Isabel, Beatriz, quien está a punto de jubilarse luego de 35 años de carrera como maestra. Ella no está regida por la ley del 94, sino la anterior, entonces aunque aún no ha llegado a los 60 años, recibirá un sueldo igual al que ganaba, el cual incluso le alcanzará para terminar de pagar su casa de Infonavit que obtuvo hace tres años y sostenerse económicamente.

“Ya no me tocó afore, soy de hace 35 años. Yo tenía cuota fija y cada quincena me descontaban lo del retiro durante los años que trabajé, se hizo acumulativo”.

Dice que en caso de que tuviera afore, se hubiera tenido que jubilar hasta los 65 años y no a los 56, como ahora.

“No me quejo, sabré lo que es cobrar sin trabajar”, dice, optimista. “Doy gracias de haber trabajado en el gobierno, daban buenas cosas antes. Los maestros nuevos ahora deben hacer aportación individual”.

NUEVO MARCO LEGAL O PRECARIZACIÓN
La reforma a la Ley del Seguro Social de 1995 dio lugar a un sistema de contribución definida en 1997 mediante cuentas individuales, a través de administradores de fondos para el retiro de los trabajadores (Afore), el cual fue el inicio de distintas reformas. A la fecha ha permitido que hoy en día existan más de 60 millones de cuentas de ahorro individual, donde se acumulan ahorros equivalentes al 15 por ciento del Producto Interno Bruto.

La ley establece que a partir de los 65 años es cuando los trabajadores pueden comenzar a recibir su pensión. Pero los bajos salarios y por ende de aportaciones, así como el nivel de informalidad son temas que hacen prever que las cuentas individuales de los trabajadores sean insuficientes para que lleguen a esa edad con recursos suficientes para su vejez.

“El espíritu de la reforma era que iba a dar solvencia a las finanzas públicas y permitir que los trabajadores se retiraran con una pensión digna. En realidad si no hay aportaciones adicionales los trabajadores recibirán una pensión inferior a la mitad de su sueldo, de hecho más baja y puede haber precarización de sus condiciones sociales y de sus capacidades de consumo, pese a haber generado un ahorro en el sistema de afore”, dijo a La Silla Rota el director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico, José Luis de la Cruz Gallegos.

En caso de mantenerse el esquema legal de aportaciones para las pensiones, lo que se viene para los trabajadores que cumplan 65 años es una precarización, advirtió.

Explicó que el actual sistema de pensiones no bastará para garantizar que los trabajadores tengan una pensión que les permita tener recursos económicos suficientes para mantener su estilo de vida.

“Lo que pasó fue que se sobreestimó la capacidad de este esquema, se pensó que con las condiciones en que se aprobó el régimen de contribuciones de patrones y trabajadores sería suficiente para garantizar un retiro digno.

“Segundo, México al tener un mercado informal hace que las condiciones laborales, aún las formales sean precarias, con bajos salarios y la supervisión de las autoridades para que se reporten salarios adecuados es muy débil. Eso afecta y también que los salarios son bajos aún de aquellos trabajadores que sí son reportados con su salario real y cumplen con el requisito de la cantidad de contribuciones que hacen, lo que lleva a que tengan una baja contribución en la afore y van a estar expuestos a una baja pensión y que sólo les va a cubrir 10 años. Si no hay contribuciones voluntarias para ampliarlo y tener mayor cobertura se acaba luego de 10 años”.

Recordó que ya la primera generación con este sistema está por salir y mientras no cambie el marco legal lo que se va a generar es un grupo de personas con recursos limitados en su vejez.

Cuestionado sobre sí además hay riesgo de que los trabajadores vean mermadas sus ganancias por las inversiones que hagan las afores, respondió que sí hay un grado de riesgo limitado, pero la legislación evita que se tomen demasiadas acciones de riesgo, dijo el experto económico.

ANÁLISIS DEL BID
El Banco Interamericano de Desarrollo presentó en marzo de este año el estudio Diagnóstico del sistema de pensiones mexicano y opciones para reformarlo, y algunas de sus conclusiones no son halagüeñas.

El documento explicó que México se encuentra inmerso en una transición demográfica “caracterizada por un envejecimiento acelerado”.

Entre 2030 y 2050 el porcentaje de la población mayor de 65 años pasará del 10 por ciento al 20 por ciento del total.

“Esto hace necesario acumular recursos para hacer frente a la demanda de pensiones en el futuro, pero las condiciones actuales del mercado laboral mexicano dificultan dicha acumulación”.

Otro dato que preocupa es que durante los últimos años ha sido común que “menos de la mitad de los trabajadores activos coticen a algún sistema de pensiones”.

Esa circunstancia tendrá consecuencias importantes, ya que de los trabajadores que cotizan, es probable que solo el 25 por ciento cumpla con los requisitos vigentes para alcanzar una pensión.

“El resto solo tendrá derecho a retirar el saldo de las aportaciones intermitentes que hayan acumulado en su cuenta individual al momento de retirarse”.

Pero además, de esa cuarta parte de trabajadores que alcance una pensión, 6 por ciento, menos de la tercera parte, acumulará los recursos suficientes para financiar una pensión por encima a la mínima del sistema.

“En suma, la mayoría de la población que se incorporó al mercado laboral a partir de 1998 no tendrá los recursos necesarios para hacer frente a su retiro, y es muy factible que puedan caer en situación de pobreza si no cuentan con otra fuente de ingresos o transferencias”.

El documento añade otro problema, el de la informalidad del mercado laboral, lo que a su vez impide contar con un sistema previsional que dé una cobertura y un financiamiento adecuados. Destaca el dato que la tasa de formalidad, definida como de los trabajadores que cotizan a la seguridad social, es de apenas 37 por ciento.

“La gran mayoría de mexicanos espera hacer frente a su retiro mediante los recursos otorgados por el pilar no contributivo y del sistema de ahorro afore, el cual no va a cumplir con muchas de las funciones de un sistema pensional. Por ello, es necesario realizar cambios al sistema actual que redefinan cuánto ahorro se necesita, el nivel de solidaridad intra e intergeneracional, así como el costo fiscal presente y en el futuro”.

Algunas de las propuestas del BID para mejorar el sistema son las siguientes:

-Mejorar la gobernanza del sistema.

-Incrementar la cobertura y los niveles de pensión presente y futuros.

-Reducir los desequilibrios de la transición entre sistemas.

“Establecer y emprender una hoja de ruta, cuanto antes, mejor. No existe una única reforma pensional que vaya a solucionar todos los problemas del sistema mexicano. Más allá de implementar algunas de las iniciativas propuestas en esta nota, es importante construir la institucionalidad que permita al sistema mexicano de pensiones adaptarse e implementar los ajustes necesarios en un contexto de envejecimiento acelerado. Sin embargo, no podemos dejar de enfatizar que es clave comenzar cuanto antes. Primero, porque todos los problemas aquí identificados solo van a agravarse conforme pase el tiempo y, segundo, porque la efectividad de muchos cambios aquí propuestos, ya sea para mejorar la sostenibilidad global del sistema o para incrementar las pensiones, toman tiempo en surtir los efectos deseados”.

fmma

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