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“Llegaron los agentes y se llevaron a mi esposo” (Coahuila)

Francisco Rodríguez, corresponsal/EL UNIVERSAL
Torreón.- Zas, zas zas… Los sonidos de las pisadas todavía le retumban en la cabeza a Ixchel Mireles, así sonaban las botas de los policías federales que se llevaron de su domicilio a su esposo Héctor Armando Tapia Osollo, la madrugada del 19 de junio de 2010. Era la 1:15 de la mañana. Su esposo de 46 años —entonces gerente constructor de la empresa DURSA y Desarrollos Urbanos RIME—, había llegado de una cena para dueños de maquinaria.
Comenzó a quitarse la ropa y platicarle a Ixchel cómo había estado la reunión, después se puso su pijama, se acostó, abrazó y dio un beso a su esposa, cuando se oyeron dos tronidos muy fuertes. Policías federales habían tumbado la puerta.
Los vi cuando entraron. Uno tenía una identificación, se veía el símbolo de PF, una cachucha que decía PF”, recuerda Ixchel.
— Somos policías federales, venimos por ti, queremos información, ordenó uno de ellos.
— ¿Quiénes son, quiénes son? Gritaban Héctor e Ixchel con las armas largas apuntándoles a la cabeza.

La esposa recuerda que eran varios hombres armados. Uno estaba encapuchado, de negro y la banderita de México en un brazo. Otros venían uniformados, traían pantalones caqui y botas.

Un agente federal tumbó a Héctor al piso, le colocó la bota en la cabeza y le apuntó con el arma. “Venimos por ti, queremos información, si cooperas tu familia va a estar bien”, le dijeron a Héctor.

— ¿Quiénes son?, volvió a insistir Ixchel.

— Cállese, somos federales, repitieron los uniformados al tiempo que la punta de un arma larga orillaba a Ixchel a la esquina de su recámara.

Otros presuntos policías federales entraron a otra recámara y empezaron a desconectar computadoras. Los agentes tomaron cámaras, videos y preguntaron por armas y dinero.

“Me pusieron el colchón, un king size encima y yo pensé que me iban a matar”, relata Ixchel. Entonces levantaron a su marido. En eso otro hombre iba a entrar al cuarto de su hija de 18 años. “Mi niña no, mi niña no, por favor”, gritó Ixchel.

El hombre de negro que daba las órdenes dijo: “vámonos, el objetivo ya está, ahorita hay niños se despiertan y se arma un pedo”. Ixchel recuerda que fue la única “palabra no correcta”. “Era una voz de mando muy fuerte”.
Sí fueron pero venga después

A ocho años de la desaparición de su esposo, Ixchel tiene tres hipótesis de su desaparición forzada: Se equivocaron de persona, vio algo que no debía o lo necesitaban por ser un excelente ingeniero.

Héctor Tapia era miembro del colegio de Ingenieros Civiles de La Laguna, perito constructor de Coahuila y Durango.

En ese tiempo estaba haciendo una planta tratadora de agua en Morelia, Michoacán, al mando de Juan Luis Calderón Hinojosa, hermano del ex presidente Felipe Calderón.

También trabajaba en un fraccionamiento en Torreón. Ixchel recuerda que su esposo le platicaba que en esos lugares se metían “malos” a dormir en las casas que construían y que inclusive en una ocasión miró pasar a policías federales y pensó que se iba a armar la balacera, pero en lugar de ello se saludaron como viejos conocidos.

Ixchel recuerda que al lunes siguiente de la desaparición, avisó a sus jefes que lo habían desaparecido y le colgaron.

Ese azotón en la cara también lo sintió con las autoridades de gobierno que la atendieron.

“Ya díganos dónde lo enterraron”, le dijeron en una ocasión, al grado que la PGR envió por dos días una unidad de la Subprocuraduría de Control Regional, Procedimientos Penales y Amparo (SCRPPA) para que husmeara por 10 horas en su casa a ver si hallaban a su esposo enterrado.

Otras veces la han acusado de querer solo dinero. Un año y medio después de la desaparición, en PGR le dijeron que ya no había nada que investigar. “Sí fueron los federales pero no hay nada que hacer. Venga después”, le dijeron otro día en PGR y le prohibieron el paso después.

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