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No todos sufren la crisis de agua en la CdMx: los más pobres pagan el despilfarro de los más ricos

Karen Castillo/Sin Embargo

A sus 50 años, Cristina se ha acostumbrado a levantarse entre las cuatro y seis de la mañana para poder “apartar un poco de agua” para el resto de la jornada; ha aprendido a “colar” el agua cuando se trata de retirar la pequeña capa de un aparente “fierro molido” que ensucia su baño y su ropa cada vez que intenta lavarla.
Para 2010, los resultados del Censo de población y Vivienda del Inegi señalaban que 97 por ciento de las viviendas de la CdMx contaban con agua entubada. Sin embargo, el dato no contempla el saneamiento, ni la falta de regularidad en el servicio.
En el Reporte a Mecanismo Internacionales expedido por la Comisión de Derechos Humanos de la Cuidad de México (CDHDF) en 2017 se informa que en la capital del país el consumo de agua en zonas populares es 28 litros por persona. Esta cifra dista de lo recomendado por la OMS, y de los 275 y 410 litros de consumo en sectores medios –y de los de mayores ingresos– donde el consumo diario va de los 800 a 1,000 litros por habitante.

Ciudad de México, 8 de octubre (SinEmbargo).– Cristina Guerra ha aprendido a cuidar el agua como nadie. Desde que era niña y vivía en la Delegación Álvaro Obregón acarreaba el líquido para poder desarrollar las actividades básicas como bañarse o limpiar sus alimentos. Cuando tenía cinco años se desplazó a la Delegación Iztapalapa, sitio en el que 37 años después tendría que volver a tomar previsiones.

A sus 50 años, Cristina se ha acostumbrado a levantarse entre las cuatro y seis de la mañana para poder “apartar un poco de agua” para el resto de la jornada; ha aprendido a “colar” el agua cuando se trata de retirar la pequeña capa de un aparente “fierro molido” que ensucia su baño y su ropa cada vez que intenta lavarla. Compra garrafones de agua para cocinar y lavar verduras por temor a que el agua amarilla que sale de las llaves de su casa pueda causarle un daño a su familia.

Cristina se dice afortunada porque tiene agua: “amarilla, poca, pero tenemos”. Otras vecinas del conjunto habitacional Unidad Ermita, Zaragoza, no tienen agua desde hace un año, por lo que recolectan y cargan el agua desde las tomas públicas hasta sus casas. Cuando comenzó el problema pedían pipas para el área, pero estas dejaron de ir cuando comenzaron los secuestros por parte de algunos pobladores que buscaban favorecer a sus familias.

“Cuando no hay agua me siento triste porque no puedo hacer mis actividades: hacer mi comida, tener limpia mi casa. Te sientes con mucho calor”, dice Cristina Guerra.

Alma Santamaría es una joven de 32 años que ha vivido en Paraje Zacatepec, Iztapalapa toda su vida. Recuerda que cuando era niña el abasto de agua era suficiente; el recurso no faltaba hasta las seis de la tarde cuando eran cerradas las bombas. Actualmente, no tiene agua dos o tres veces a la semana y cuando la hay el flujo se corta alrededor de las 11 de la mañana.

Entre sus gastos, Alma considera el pago ocasional de propinas para los “piperos” que cobran cada vuelta en 50 o 100 pesos por casa. Lava por las noches y utiliza el agua con suavizante para descargar el baño, algunas veces trapea con esa agua. Ocasionalmente tiene que bañarse a “jicarazos”, pero cuando hay agua en su regadera acumula los sobrantes en un recipiente de plástico.

Su suegra vive en Santa María Aztahuacan, también en Iztapalapa. Desde hace dos años no tiene agua. Una sola vez al mes llega un pipa a altas horas de la madrugada “para no impedir las actividades laborales del siguiente día”. Las pipas son coordinadas por un grupo de mujeres de la comunidad que acostumbran compartir primero el líquido con sus familiares y amigos, por lo que algunos vecinos se ven desprovistos de agua.

Para la joven los responsables de los problemas de distribución, son las coordinadoras pero también el jefe delegacional que no presta atención a sus demandas y “no hacen validos nuestros impuestos”.

AGUA COMO UN DERECHO

En el 2010 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció el derecho al agua y al saneamiento como esenciales para la realización de todos los derechos humanos. El organismo internacional coincide con la Organización Mundial de la Salud (OMS) en que son necesarios entre 50 y 100 litros de agua por persona al día, para garantizar que se cubren las necesidades más básicas y surjan pocas preocupaciones en materia de salud.

En mayo del 2017 el Relator Especial sobre los derechos humanos y al saneamiento de la ONU, Sr. Léo Heller, visitó nuestro país para realizar un informe con el que se identificaron los principales obstáculos para la plena garantía de dicho derecho.

En su informe, Heller explicó que México enfrentaba retos cuantiosos para garantizar a las personas agua limpia. Reconoció que algunas regiones experimentaban bajos niveles de desarrollo en comunidades rurales dispersas y significativos niveles de pobreza; además de que existían expresiones de discriminación que dejaban a los indígenas con los problemas más graves.

En una entrevista para Aristegui CNN, el relator detalló: “un dato que me impresionó muchísimo que es 70 por ciento de la población de la Ciudad de México, recibe agua menos de 12 horas por día, eso es una situación muy mala y muy incompatible con el nivel de desarrollo humano que México presenta”. Asimismo, expresó preocupación por la calidad el agua y por el gasto que representaba la necesidad de comprarla en pipas y botellas.

AGUA EN CIFRAS

La Ciudad de México pertenece a la Región Hidrológica Administrativa XXII, conocida como la Cuenca de México, que abarca los estados de Hidalgo, Ciudad de México, Morelos, Puebla y Tlaxcala. Todos ellos, alimentados por la combinación de aguas de diverso origen: el 68 por ciento proviene de la extracción de lluvias subterráneas; el 3 por ciento proviene de ríos y manantiales; el 7 por ciento del reúso y un 23 por ciento de la extracción de los sistemas de las cuencas de Lerma y Cutzamala.

De acuerdo con los datos del Fondo para la Comunicación y la Educación ambiental AC, la cuenca cuenta con casi 23 millones de habitantes que tiene que compartir el menor índice de agua renovable per cápita, con sólo 160 m3 por habitante al año. Poniendo a la cuenca en una situación de escasez hídrica absoluta.

En el Reporte a Mecanismo Internacionales expedido por la Comisión de Derechos Humanos de la Cuidad de México (CDHDF) en el 2017 se informa que en la CdMx el consumo de agua en zonas populares es 28 litros por persona. Esta cifra dista de lo recomendado por la OMS, y de los 275 y 410 litros de consumo en sectores medios y los de mayores ingresos, donde el consumo diario va de los 800 a 1,000 por habitante.

Las delegaciones Tlalpan e Iztapalapa son las más afectadas, ya que el servicio se realiza por tandeo, en algunos casos con baja presión y cuentan con mala calidad del agua. De acuerdo con los datos de facturación de SACMEX en 2015, el consumo promedio en dichas delegaciones era de 67 y 28 litros diarios, respectivamente.

Para 2010, los resultados del Censo de población y Vivienda del Inegi señalaban que el 97 por ciento de las viviendas de la CDMX contaban con agua entubada. Sin embargo, el dato no contempla el saneamiento, ni la falta de regularidad en el servicio.

RAZONES PARA EL DESABASTO

En septiembre del 2018, durante el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, AC, el Doctor Exequiel Ezacurra, director del Instituto para México y Estados Unidos de California, aseveró que el problema de distribución se debe más a cuestiones sociales que tecnológicas.

El especialista explica que el consumo no generalizado en las 16 alcaldías deja en desventaja a las demarcaciones de la zona oriente, frente a las de la zona sur. Para él se trata de la “política Hood Robin” (haciendo analogía inversa con Robin Hood): “le estamos quitando a los pobres para darle a los ricos. Bombean el agua de Chalco para darle a los de Santa Fe; eso es un problema de justicia ambiental”.

Para expertos como Daniel Salazar, presidente del Consejo Ciudadano para el Desarrollo Sustentable, AC, el argumento es debatible debido a que preexisten razones históricas que han determinado que se de un mayor suministro en la zona poniente y centro de la ciudad.

El investigador señala que los ríos Lerma y Cutzamala se encuentran al poniente de la Ciudad, por lo que se desarrolló primero la infraestructura de la zona sur y centro, quedando en el oriente infraestructura más reciente y con mayor rezago.

También reconoce que en el oriente de la CdMx existen fallas técnicas y a su vez, llama la atención por el alto crecimiento poblacional del área que se produjo en los años 70 y 80 como consecuencia de los sismos que afectaron a la zona centro, concentrando a dos millones de habitantes en la zona lo que representa la quinta parte de la población de la Ciudad.

Los problemas relacionados con la distribución del agua, dice, tienen que ver con la sobrepoblación pero también con la mala planeación de la ciudad y su crecimiento desmedido a la periferia.

Por su parte, la investigadora Claudia Campero, quién colabora con distintas organizaciones entre ellas la Coalición de Organizaciones Mexicanas por el Derecho al Agua, el problema del agua “no es técnico; es social y político”, y es la inequidad en su distribución la que nos permite entenderlo.

Coincide con Salazar en que el problema es histórico. No obstante, para ella las decisiones políticas contribuyen en el sentido de mejorar infraestructura en los barrios de clase media y alta antes que las zonas de ingresos bajos, debido al “costo político” y la presión social que esto puede implicar.

“Esta ciudad tiene dinero. Hay decisiones políticas que los ponen a gastar donde no deberían”. Claudia Campero

Añade que la falta de agua para las zonas con menores recursos termina por representar un coste mayor a ciertos sectores de la sociedad, no solo por los gastos extraordinarios que representa pagar un pipa o un burro para que cargue el agua, si no para quienes se encargan de su acopio, siendo las mujeres las que tienen las mayores desventajas.

LAS MUJERES Y EL AGUA

Brenda Rodríguez Herrera, experta en género y agua, explica que el trabajo que se hace en la provisión del agua en el uso domestico – que representa el 58 por ciento de los usos- es desigual entre mujeres y hombres.

Al tener un rol social que las ubica en casa suelen ser mujeres y niñas quienes cargan y acarrean el agua, por lo mismo, suelen implicar más horas en el cuidado del hogar lo que las lleva a tomar trabajos informales con pocas garantías sociales y con flexibilidad; por sí resulta necesario estar al pendiente del cuidado de los familiares en caso de que sufran enfermedades por la mala calidad del agua.

Asimismo, señala que existe una deficiencia de ciudadanía del derecho humano al agua por parte de las mujeres, ya que “cuando se pasa al momento de hacer las demandas y hacer propuestas no necesariamente se hacen desde el enfoque del derecho humano al agua, si no más desde la necesidad inmediata y no de largo plazo”.