Estar preso y ser migrante en México: día dos de la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos

Eliana Gilet

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El fuerte de la segunda jornada de la Caravana fue la visita de las madres al Centro de Readaptación Social (Cereso) de Tenosique, en el estado de Tabasco.

“Queremos encontrar centroamericanos en estas cárceles, es la primera que visitamos, sabemos que los hay” explicó una de las mujeres que integran la caravana en las puertas del mencionado Cereso, bajo el tórrido sol del martes, al comienzo de la segunda jornada de la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos. “Que sean justos con nuestros centroamericanos, que les apliquen las leyes de México que sean justas con ellos, eso es lo que buscamos”

Durante las caravanas que han realizado anteriormente siempre hubo dos puntos de visita obligados: los hospitales y las cárceles. Esta será la primera de otras que se visitarán hasta el 18 de Diciembre en distintos puntos de México.
“Esperamos que sea el primer lugar dónde nos den el pie para entrar con facilidad. Solamente venimos a buscar a los centroamericanos desaparecidos en México, y posiblemente la cárcel sea parte de ello. No queremos romper las leyes de México, queremos que se aplique la justicia y que nuestros centroamericanos tengan un trato digno como cualquier ser humano dentro de un penal, aún si cometió un delito, que tenga derecho a un abogado, que tenga derecho a un trato como cualquier ser humano”

Una a una fueron siendo registradas en un libro, a mano, lentamente llamadas a ingresar al penal por una puertita estrecha. Sin gorras ni lentes oscuros. Sacando el dinero que llevaban escondido, como hacen las veteranas. “En otros penales que hemos visitado no hay tantos requisitos, pero eso depende de cada cárcel”, explica Marta Sánchez, referente del Movimiento Migrante Mesoamericano, organización responsable de la caravana de madres desde hace once años.

“De aquí partimos a las demás delegaciones de México y esperamos que este sea el pie para seguir adelante y poderlos encontrar, porque sabemos que hay centroamericanos detenidos en estos centros”.

Pero la visita no fue lo que otras veces.

“La visita fue frustrante porque no era la forma como esperábamos verlos y obtener información. Ellos empezaron a salir uno por uno y nosotros estábamos todo el grupo en una puerta muy pequeña, entonces a cada uno de los presos le preguntábamos de dónde era. Queríamos mostrarle todas las fotografías para que ellos nos dijeran si han visto a nuestros familiares. Mostrarles tal cantidad de fotografías en un corto tiempo era difícil” cuenta, Catalina López, de Guatemala, integrante de la caravana y parte del equipo de la organización de Estudios comunitarios de acción psico-social (ECAP). “Teníamos una reja de por medio que no nos daba acceso a una comunicación mucho más cercana, para que nos dijeran quienes eran y de dónde vienen. Ellos ocultan su identidad por la criminalización que hay en los centros penitenciarios del país. Esperábamos que fuese de otra manera, que ellos pudieran salir, para poder dialogar.”

Sin embargo, algo bueno (e inesperado) sí surgió de esa visita.

“Me dijo que tiene seis años de estar ahí, que lo están acusando de algo que no hizo. Da la casualidad que conozco a la familia de él, es de allá de mi lugar, de Progreso, Honduras”, relata Sandra Pérez, madre de la caravana. “A él no lo conocía, pero conozco a la mamá y llevo una notita para darle. Va a ser una alegría porque dice que desde que se vino nunca se ha comunicado con la familia. Está detenido desde que llegó a México”.

Sandra está encargada ahora de llevarle a su familia la notita que el muchacho le dictó desde el otro lado de una ventanita enrejada. “Sé que va a ser una gran alegría para esa madre”. ¿Él la reconoció? “Sí, me dijo: verdad que usted vive en la Siete de Abril, de Honduras. Yo la conozco. ¿De dónde sos?, le pregunto. De la Primavera, me contesta. Pero como nosotros íbamos ahí a donde viven entonces. La Primavera es una colonia de Progreso. Entonces ahí vive la mamá y la familia y le llevo su notita”

La cárcel. Denia, la hija de María de la Cruz Santos, estuvo 4 años presa. Madre e hija se reencontrarán cuando la Caravana llegue a Tapachula, estado de Chiapas, en los últimos días del trayecto. Hace 14 años que no se ven. Denia se fue de Honduras cuando tenía 20 y dejó a su hijo mayor con la abuela. Ahora tiene 19 años.

“Una emoción, creo que me escapé de desmayarme. Fíjese que nos tomaron un video, y hablé para acá del sufrimiento que había vivido, de la familia, los hermanos que habían muerto, uno mayor y uno menor que ella. Es duro contar esas cosas”

Denia le contó que había estado presa cuatro años. “Para mí fue duro, triste”. En el presidio dió a luz a su segunda hija que luego quedó en una Casa Hogar para niños. “El mayor está bien grande, es parecido al tío, al muchacho que me mataron en un enfrentamiento en San Pedro Sula, en Honduras, cerca de la frontera. A mi otro hijo lo enterré de 17 años, de cáncer, soy sola con mi nietillo que me acompaña y las muchachas que trabajan afuera en el campo”

La historia de Denia viene a cuento para mostrar un mecanismo harto siniestro. Denia estaba trabajando en una cantina en Tapachula, cuando la policía hizo una redada en busca de “desarticular una red de trata”. ¿Cómo termina presa una migrante que está trabajando tras una redada policial que busca desbaratar una red de trata? La acusan de ser la tratante. Tenía sobre su cabeza una condena de 13 años de cárcel, pero la presión de distintas organizaciones logró que se redujeran a los 4 que cumplió.

“Su caso muestra como se está manejando este conflicto tan serio que es la trata en México”, explica Marta Sánchez. “La ONU aporta dinero al Estado Mexicano desde hace un tiempo para que persiga a las redes de trata. Pero eso se ha traducido en que la policía termina apresando a las chicas, a las que son víctimas de trata y a las que no”.

El mecanismo es el siguiente: cuando llega la policía a los bares en dónde se ejerce la prostitución, los dueños y señores de los locales, hábiles ellos, ponen a alguna de las chicas que allí trabajan como encargadas. Entonces, cuando llega la policía, quienes son señaladas como responsables son las mujeres. ¿La consecuencia? La mayoría de las apresadas, a cuenta de la presión – y el dinero – enviado por las Naciones Unidas, son mujeres.

“Las ponen de escudo, las usan los dueños de los locales, que quedan intactos”. Marta Sánchez insiste en que hay que diferenciar a las víctimas de trata de quienes ejercen la prostitución como decisión libre. “El problema es que estas acciones han servido para criminalizar a quienes ejercen la prostitución como su decisión, que es un trabajo que respetamos”.

Lo grave es que llegar a la cárcel siendo migrante implica una violación a sus derechos humanos. “En todos los casos se ha violado el debido proceso” explica Sánchez.

¿Qué sensación tiene Sandra de entrar al Cereso, más sabiendo que su hija estuvo recluida? “Pienso muchas cosas, porque tal vez podemos encontrar algún muchacho de los que llevan las compañeras, solidaridad, acompañarlas a ellas porque son momentos de de dolor, de alegría”.

Foto: Eliana Gilet, visita de la Caravana al Centro de Readaptación Social (Cereso) de Tenosique, en el estado de Tabasco.

http://desinformemonos.org.mx/estar-preso-y-ser-migrante-en-mexico-dia-dos-de-la-caravana-de-madres-de-migrantes-desaparecidos/