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Pueblos mágicos y el comercio corporativo contra los tianguis: Huamantla, Tlaxcala, 2012

Colectivo Grieta / 4 de noviembre 2018

 En 2012, en la ciudad de Huamantla, Tlaxcala, el gobierno municipal expulsó de las calles del centro a los vendedores del tianguis que durante muchos años las habían ocupado. Ir al tianguis era tanto una tradición para la población como un trabajo esencial para los pequeños comerciantes, que así obtenían sus medios de vida. Con la excusa del programa federal de pueblos mágicos de la Secretaría de Turismo, programa cuyo objetivo es hacer del turismo un negocio bajo control del capital corporativo, los tianguistas fueron despojados de su espacio y expulsados a las orillas de la ciudad, pese a la resistencia decidida y masiva que levantaron junto con l@s integrantes del Movimiento de Inconformes, que desde el 2006 ha estado luchando por los derechos de la gente trabajadora de Tlaxcala, para denunciar y luchar juntos en contra del despojo, la explotación y la represión. 
 
Las fuerzas represivas del mal gobierno, las actas judiciales y la cárcel fueron las armas usadas en contra del pueblo de Huamantla en resistencia. No obstante, la resistencia persiste en formas nuevas de organización, así como nuevas son también las formas de despojo que el capitalismo impone año con año.  
 
La Unión de Pueblos, Barrios, Colonias, Rancherías, Unidades Habitacionales, Fraccionamientos y Ciudad, de la CNUC-Huamantla (Consejo Nacional Urbano y Campesino-Movimiento de Inconformes), se inspira en el principio zapatista de que el pueblo mande y el gobierno obedezca. Trabajando de manera independiente de los partidos políticos y de los gobiernos, se ha buscado que se respeten los derechos y garantías constitucionales y que los pobladores sólo paguen lo justo en impuestos, contribuciones y aportaciones al municipio. 
 
Cobros impuestos por el gobierno como detonantes de la protesta social 

En 2011, el Movimiento de Inconformes había realizado una acción de protesta masiva con los habitantes de Huamantla para impedir que el gobierno cobrara por entrar a la feria que se realiza todos los años en el mes de agosto. A lo largo de varias semanas, se instaló en el ayuntamiento un plantón y unas 10 mil personas participaron en plantones y asambleas frente a la presidencia municipal. Se distribuyeron volantes y se organizaron reuniones en barrios y colonias. Ante el vigor de la resistencia, el gobierno se comprometió por escrito a que, si la gente no asistía a la feria el fin de semana, el cobro por entrar se eliminaría. La gente corrió la voz y, si fueron unas 20 personas a la feria, fueron muchas. El gobierno no aguantó, máxime que en el segundo día de la feria se rebelaron los de los juegos mecánicos y exigieron al ayuntamiento que quitara el cobro o se iban, porque la feria estaba vacía. El gobierno tuvo que anular el cobro por entrar a la feria. 
 
El Movimiento de Inconformes logró interactuar con los y las habitantes de Huamantla y organizar conjuntamente la resistencia contra el pago por entrar a la feria. En la entrevista que dieron a Grieta, integrantes del movimiento señalan que para ellos el realizar una acción común como pueblo fue una manera de aplicar el principio de que el pueblo mande y el gobierno obedezca. Los integrantes de este movimiento son de la idea de que para mandar hay que estar organizados como pueblo y acordar en asamblea qué se hace, en qué momento, en qué espacio, a qué ritmo. Así trabajan con los barrios y colonias, cualquier acción de resistencia que se emprenda tiene que ser previamente acordada, tiene que preguntársele a la gente, hablar con ella, escuchar su voz, sus propuestas. Y lo acordado colectivamente debe ser la base de las acciones emprendidas.
 
La expulsión del tianguis

Unos meses después del triunfo de la organización del pueblo contra el cobro por entrar a la feria, lo que acarreó pérdidas millonarias al gobierno, éste expulsó a los comerciantes del tianguis del centro de Huamantla. El 25 de enero de 2012, el presidente municipal de Huamantla, Carlos Ixtlapale y su cabildo, decidieron arbitrariamente reubicar el tianguis de los días miércoles, que tenía lugar en el centro de la ciudad, hacia las orillas de la ciudad, en el recinto ferial; lo anterior a pesar de que desde hacía más de 100 años que el tianguis se ubicaba en dicha parte de la ciudad y formaba ya parte de la vida social de Huamantla. Un día antes de la “reubicación”, más de 200 personas disfrazadas de granaderos (algunos eran policías municipales y otros fueron contratados para la ocasión), se apoderaron con violencia de las calles donde históricamente la gente había comprado y vendido en el tianguis. 
 
El Movimiento de Inconformes hizo consultas al pueblo, impulsó una campaña de firmas contra la decisión del gobierno. Con base en los derechos y garantías constitucionales, así como en la ley de mercados local, se planteó el recurso de inconformidad ante la decisión de la autoridad. Se demandó el retorno del tianguis al centro y detener el daño a la economía de la población y al comercio local. 
 
El presidente municipal respondió que el Programa de Pueblos Mágicos de la Secretaría de Turismo, cataloga a los tianguis como “comercio semifijo” que obstaculiza el “desarrollo turístico” de la ciudad, por lo que esos “giros comerciales” y los ambulantes deben ser reubicados, so pena de que el municipio deje de recibir los recursos federales que acompañan esta denominación. El dinero otorgado a los “pueblos mágicos” se usa casi indefectiblemente en obras de ornato que, con un patrón prestablecido, alteran la identidad de los pueblos y los vuelven estampas turísticas homogéneas que buscan incrementar las ganancias de los negocios corporativos, en detrimento de la producción campesina y artesanal y del comercio popular.
 
Tras un revisión detallada del mencionado programa federal, el movimiento de resistencia contra argumentó que el concepto de tianguis, en el sentido simple de un mercado callejero, era inaplicable desde el punto de vista histórico y antropológico a Huamantla, ciudad con una antigüedad mayor a 450 años, que en sus inicios se fundó con la concentración de pueblos indígenas otomíes y nahuas, caracterizados por una profunda tradición comunal, defendida a través de los años, manifiesta en el modo de ser de la población de Huamantla, en sus usos, costumbres y tradiciones. 
 
Así, la categoría de tianguis no debía estar en el concepto de comercio semifijo, sino en la categoría de “Fiestas y Tradiciones, como patrimonio cultural inmaterial, ya que sustentan la vida de la comunidad”. El entendimiento correcto de la naturaleza del tianguis, entonces, anularía la necesidad de la reubicación. Sin embargo, el gobierno puso oídos sordos a estos argumentos, pues con la expulsión del tianguis a las orillas de la ciudad pretendía facilitar el establecimiento del comercio corporativo en el corazón de Huamantla.
 
Por su parte, el ayuntamiento alegó que los líderes de los tianguistas habían estado de acuerdo con el desplazamiento del tianguis. El gobierno se escudó en la cooptación de algunos líderes para “legitimar” la acción y, con ese pretexto, dejó de lado su deber de informar y consultar a los tianguistas y al pueblo, de conformidad con lo establecido en la Constitución del Estado y la Ley para los Municipios de Tlaxcala. A decir de los integrantes del Movimiento, las autoridades tomaron una decisión arbitraria, no les importó el impacto económico y social que tendría la expulsión del tianguis ni el valor histórico y cultural del mismo. Tras la imposición gubernamental, se hizo una asamblea, en la que se informó y se discutió lo que había pasado. Nació una gran inconformidad en los pueblos, barrios, comunidades, fraccionamientos y entre los comerciantes locales. La indignación de la gente fortaleció su decisión de defenderse, por lo que se inició un bloqueo económico y social en el municipio. 

Otra etapa en la lucha: el gobierno reprime, el pueblo crea puentes

Tras desconocer a sus líderes, los tianguistas hicieron el viernes 17 de febrero de 2012 una movilización de protesta en la ciudad de Tlaxcala, donde acordaron que el miércoles 22 se reunirían en la entrada de la ciudad de Huamantla a las cinco de la mañana. Convocaron públicamente a estar presentes allí a los poderes del gobierno del Estado, así como a los medios y a organismos de derechos humanos, para que se comenzara a buscar una solución negociada a la penuria que la expulsión del tianguis había provocado a los trabajadores, ya que sus ventas habían bajado en un 75 por ciento.

El día 22 de febrero las autoridades no se presentaron, pero sí lo hicieron los policías de Huamantla y otros municipios, con el encargo de evitar a toda costa que los tianguistas avanzaran hacia el centro. Se produjo un primer choque con las fuerzas represivas, que lanzaron gas lacrimógeno contra los manifestantes, lesionando a una mujer mayor. Con su resistencia, los trabajadores lograron poner el tianguis en la entrada de Huamantla. Acto seguido, decidieron bloquear por ocho horas todas las arterias de acceso a la ciudad, acción en la que fue esencial la solidaridad del Movimiento de Inconformes. Alrededor de 4000 personas participaron en el bloqueo. Pasadas las 4 pm, se supo que en una localidad cercana se estaban concentrando policías federales que romperían el bloqueo. La gente decidió levantar el bloqueo y marchar hacia el centro para ejercer presión, dar a conocer a la población la injusticia cometida y tratar de revocar la imposición del gobierno. Se llevó a cabo una reunión con representantes del gobierno estatal y del municipal, pero el presidente municipal de Huamantla no se presentó. La palabrería de los políticos no bastó para ocultar que su plan era entregar el centro de la ciudad al comercio corporativo.

El Movimiento de los Inconformes, observó los acontecimientos de ese día en Huamantla e hizo llegar a los tianguistas y al gobierno municipal un escrito de recurso de inconformidad, acompañado por las 2 mil firmas de apoyo recabadas hasta ese momento en Huamantla, antes de que cayera la noche. El fin de esta iniciativa era propiciar la revisión, análisis y rediscusión de la decisión tomada respecto al desplazamiento del tianguis. La razón de ser de esta inconformidad fue que el gobierno municipal impuso una medida lesiva de manera sorpresiva, sin respetar los derechos del pueblo.

La respuesta gubernamental a la justa protesta de la gente fue la demanda de averiguación de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes ante la Procuraduría General de la República, número PGR/Tlax-3/128/2012, por el delito de ataques a las vías federales de comunicación, contra quien o quienes resulten responsables.
El 28 de febrero de ese año, el Movimiento de los Inconformes hizo un llamado público al Gobierno del Estado, el Congreso estatal, las autoridades municipales, la Comisión de Derechos Humanos y la Secretaría de Turismo, para que se privilegiara el diálogo con los tianguistas y se buscaran las mejores soluciones para las comunidades, los barrios y la ciudad de Huamantla, en vez de recurrir a la intolerancia, las descalificaciones, las calumnias y las fuerzas represivas.

El llamado a privilegiar la fuerza de la razón fue desoído, pues se impuso la razón de la fuerza. El 29 de febrero de 2012, cerca de 700 granaderos y policías federales, estatales y municipales ocuparon el centro de Huamantla, con el pretexto de “evitar otra acción de los tianguistas”, y volvieron a ocuparlo durante varios miércoles posteriores. En conferencia de prensa, el presidente municipal Carlos Ixtlapale lanzó acusaciones contra José Luis Romero Acosta, líder de la Agrupación de Comerciantes y Tianguistas de Tlaxcala, la activista y tianguista Socorro Díaz y Héctor Manuel Perales Malacara, integrante del Movimiento de los Inconformes. Se les acusó ese día de cometer los delitos de “amotinamiento, cierre de carreteras federales, estatales y municipales, privación de la libertad, agresiones físicas, daño en las cosas, faltas a la moral y robo”. 
 
En la periferia de Huamantla, las fuerzas represivas establecieron filtros para controlar el ingreso al centro de la ciudad. La resistencia levantó demandas contra los bloqueos federales y por la liberación de cinco compañeros detenidos y procesados, cuatro tianguistas y uno del Movimiento de Inconformes. Esta situación continuó durante casi cinco años, cosa que la gente interpretó como una manera de tener rehenes mientras se instalaban los centros comerciales.

Ante un problema comunal, económico, social, político y cultural, provocado por el poder político y el capital, éstos atribuyeron falazmente la responsabilidad a personas específicas, dando paso así a la represión selectiva y a la difamación de la lucha del pueblo de Huamantla.

Tras la reubicación del tianguis, su espacio en el centro de Huamantla fue ocupado por el comercio corporativo, lo que dañó la cohesión comunal y profundizó la desigualdad económica y social ocasionada por la explotación. Pero además generó mayor inseguridad para las mujeres de la ciudad, obreras, campesinas, jóvenes que van al tianguis y ahora tienen que caminar hasta la orilla del municipio para el abasto, muchas veces en las tardes y noches al salir de sus trabajos, asunto que no es trivial si se tiene en cuenta que Tlaxcala es uno de los estados más inseguros para las mujeres jóvenes debido a que el tráfico de personas opera con absoluta impunidad. 

En 2012, los trabajadores ganaban en Huamantla entre 450 y 600 pesos a la semana y esto ha cambiado muy poco para el 2018. Lo que sí ha cambiado desde ese entonces es el costo de los precios de los bienes y de los servicios que se han disparado desde que Huamantla tuvo la “fortuna” de ser nombrado “Pueblo Mágico”. El ingreso mencionado antes era apenas suficiente para comprar lo indispensable, ni pensar en pagar el transporte de ida y de regreso del tianguis, así que caminar por terrenos deshabitados y peligrosos es casi una necesidad. 

La expulsión del tianguis de las calles del centro de Huamantla solo ha beneficiado a los centros comerciales como Coppel, Aurrerá (hoy Walmart), Chedraui, Oxxo y similares. La exclusión del comercio local y el encarecimiento del abasto familiar han sido sistemáticos desde que irrumpió el vendaval neoliberal encarnado en estos programas de reconfiguración del espacio local en favor de los grandes capitales.