CONVERSATORIO
"MIRADAS, ESCUCHAS, PALABRAS: ¿PROHIBIDO PENSAR?"”

Pasa por Tlaxcala la Caravana de Madres Centroamericanas

Pedro Morales/e-consulta

Rostros morenos, desconfiados, miradas sin brillo que se pierden por momentos en el infinito recuerdo de los hijos y las hijas que no aparecen, que salieron en busca del sueño americano, pero que se perdieron en el camino. Vienen con la ilusión de encontrar a sus hijos, de abrazarlos y con la ilusión que se queda poco a poco en el polvo de los tiempos, sin embargo ellas, las madres centroamericanas no pierden a fe, ni sus banderas azules con blanco. Este fue el marco de la marcha de este año, que llego al albergue “La Sagrada Familia de Apizaco”, allá a lo lejos dos guatemaltecos, un colombiano y tres hondureños observaban y escuchaban, tras su mensaje Martha Sánchez la incansable luchadora social se involucra con ellas, habla por ellas porque siente y sufre con ellas. AVANZA LA CARAVANA Salieron el 30de noviembre de “El Ceibo”, en la frontera sur de México, justo entre Tabasco y Guatemala, llegaron al albergue de Fray Tomás en Palenque, llegaron a Villahermosa, en tabasco, a Huimanguillo, Coatzacoalcos, Puebla, Tlaxcala y pararán una semana en el Distrito Federal. Tras informar sobre el peligro del viaje en el que unos 120 mil migrantes provenientes de Centro y Sudamérica han desaparecido en su paso por México hacia Estados Unidos, Martha Sánchez Soler, presidenta del Movimiento Mesoamericano, de apoyo a familiares de extraviados dice que Apizaco es foco rojo. Ahora sabemos que los vigilantes de Ferrosur balean a los migrantes, que las barreras asesinas pasan los años y no las quitan, “eso es muy preocupante y vamos a llevar a nivel internacional la situación de Tlaxcala, es preocupante, muy preocupante” La activista detalló que entre los desaparecidos hay mujeres, hombres y niños, sin embargo, las familias se reencuentran sólo con sus hijos varones. Cuando aparecen chicas, usualmente fueron víctimas de trata y lograron escapar. “Tenemos ya once años de que surgió la caravana para hacer un recorrido tomando la ruta migrante desde el inicio, con nuestros propios medios en la frontera. Empezamos con la caravana y cuando empezamos trabajando con las madres, venían muy temerosas, muchas de ellas jamás habían salido de su pueblo. Quisiera que las pudieran escuchar, son verdaderas guerreras, dicen que la solidaridad de grupo les ha ayudado muchísimo el no saber dónde están sus hijos.”, dijo. EL CAMINO QUE SE PIERDE Sánchez Soler recordó que la mayoría de las veces, el último contacto de los indocumentados con sus familias es cuando están en México, por eso recorren la ruta, una y otra vez, con esta van once y dice que lo harán hasta que sea necesario, hasta que se acaben las fuerzas que cada día van menguando, junto con la esperanza de abrazar a sus hijos. Comenta que es lamentable lo que pasa en Apizaco, con esas barreras que han causado tanto dolor, que nadie quiere hacer nada por quitarlas ya que de nada ha servido que se eleven las protestas a nivel nacional e internacional. Advierte que si de aquí a un año sigue lo mismo, entonces ellas, las madres de familia y la sociedad las van a destruir, tal y como esas barreras asesinas han destruido el sueño de sus hijos, sin piedad, sin miramientos. Sobre los peligros del viaje, Martha Sánchez dice que son los mismos, salvo que ahora está constante migración de hombres mujeres y niños centroamericanos ha despertado la codicia de los tratantes de personas. Prueba de ello es que son en realidad pocas las mujeres que llegan a cruzar la frontera de los Estados Unidos, las demás, la inmensa mayoría son obligadas a prostituirse y lo más grave es que hay complicidades entre tratantes y autoridades. Por otro lado, maras y zetas son lo mismo, asegura que se ha detectado que los carteles de la droga alquilan a maras, los encargas sin tatuajes visibles, con la cara y las manos limpias, para pasar desapercibidos y han logrado su objetivo. Por eso son muchos los desaparecidos, setenta mil, pero se sospecha que son más de cien mil, no es posible llevar listas de nombres, porque la migración causada por la violencia y el hambre ocurre cada día, cada hora y a cada segundo. VIGILANTES ASESINOS Alarmada la activista dice que los vigilantes de la empresa Ferrosur son señalados por los migrantes como quienes los amenazan y los atacan con armas largas y se suma a la demanda de la agrupación “Un Mundo Una nación”, para que las autoridades pongan un freno y atrapen a los agresores y sobre todo que frenen los asesinatos. Juana Oliva, sufre la tragedia y la ausencia Carlos Humberto Cansada, agobiada por el calor, una mujer que rebasa los sesenta años reposa en la sombra con la foto de su hijo en el regazo, dice que su hijo salió en busca del sueño americano. Recuerda que parece que fue ayer cuando lo vio partir, con la ilusión de sacar a su familia adelante, por eso se vino, no fue por otra cosa, a veces la gente piensa que ellos se vienen porque a veces delinquen, pero en el caso de mi hijo no es así”. Yo les enseñe a trabajar, en Honduras no hay trabajo, hay mucha necesidad, por eso ellos caminan rumbo a otro lado, son nuestros hijos trabajadores, bien criados, a trabajar, sin robar, ni asaltar, ni matar gente. Somos humildes, pero no somos delincuentes y a uno le duele cuando ve uno tanta cosa, cuando a los jóvenes les quitan la vida como ocurrió apenas en México, en el estado de Guerrero. Dice que se llama Juana Oliva Vázquez, su hijo salió en el 98, se llama Carlos Humberto Murillo Lima y dejó una hija que ahora ya tiene 18 años, trabajaba de ayudante de buses y siempre quería salir adelante. “Me dijo que ya no quería ver vender en la calle, ponerme una casita, quitarme de las ventas, él se vino de 21 años, ahora tendría 36, y la última noticia fue que estaba trabajando en una ferretería en Chiapas, tenemos la fe de encontrarlo vivo, hasta he soñado con él, lo he visto vivo, es el motor que me impulsa”.

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