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Continúan los despidos y represión en Mazda de Guanajuato

Joshua Partlow

No fue una huelga planeada sino una protesta improvisada: un grupo de trabajadores de la línea de ensamblaje en la fábrica de automóviles de Mazda de Salamanca, Guanajuato, simplemente se alejaron de sus puestos una mañana de primavera.

En adición a las largas y extenuantes horas, dijeron, aguantaron continuas burlas de un subgerente que supuestamente también acosó sexualmente a una empleada. Se negaron a trabajar hasta que pudieran ventilar sus quejas con los superiores.

“Nos presentamos, pero decidimos no trabajar”, dijo Eder Capetillo, un trabajador de 29 años que participó en la huelga de un día en marzo. “Estábamos pidiendo respeto”.

En el paisaje económico de México, todo lo que se ve son automóviles. En un País consumido por noticias bestiales -violencia relacionada con drogas, corrupción política, secuestros-, la industria automotriz es una hermosa princesa.

Los estados están compitiendo para aprovechar la inversión que se está haciendo: aproximadamente cada mes una nueva compañía automotriz anuncia planes de expansión por miles de millones de dólares. En abril, Ford dijo que gastaría 2 mil 500 millones de dólares para construir motores y transmisiones, mientras Toyota planea asignar mil millones de dólares en una nueva fábrica para construir Corollas. México es ahora el productor de automóviles número siete de todo el mundo, sobrepasando a Brasil y ascendiendo rápidamente.

“Esta es la industria más fuerte que tenemos ahora”, dijo Miguel Márquez Márquez, gobernador de Guanajuato, donde ha habido más de 7 mil millones de dólares en inversión en la industria automotriz sólo en los pasados tres años. En 2014, una larga porción de los nuevos trabajos en el estado tuvieron que ver con hacer automóviles. Los programas universitarios producen cientos de ingenieros y enseñan japonés. Se están planeando más de 20 nuevos hoteles. “Es un círculo virtuoso: cuando las compañías ganan, nuestra gente gana”.

En el entusiasmo por el auge automotriz de México -3.2 millones de carros fueron producidos aquí el año pasado en 18 fábricas-, la cuestión de las condiciones laborales frecuentemente es pasada por alto. Analistas de la industria y expertos dicen que la mayor parte de esos trabajos dan empleo por encima del promedio para los mexicanos, ofreciendo seguros, tiempo extra y otros beneficios en ‘lo último’ de las fábricas.

Pero la disputa laboral en la planta de Mazda sirve como recordatorio de los retos que pueden surgir detrás de las puertas de estas mega fábricas. En un ambiente en que los empleos relacionados con automóviles están en demanda, los trabajadores dicen tener pocos recursos en conflictos con la gerencia. Pocas semanas después de que Capetillo y sus colegas se quejaron, fueron despedidos o forzados a renunciar -17 trabajadores de una planta que emplea aproximadamente a 5 mil personas. En los meses posteriores, dicen, han estado perdiendo batallas contra representantes insensibles del sindicato y un gobierno estatal apático.

“No te tratan con humanidad. Era explotación en general”, dijo Ricardo Gutiérrez, de 32 años de edad, quien pasó dos años en la planta antes de perder su empleo. “Pero no había nada que pudiéramos hacer”.

Luego del despido hubo una breve explosión de publicidad, con algunos de ellos criticando públicamente a Mazda. Pero cuando las conferencias de prensa se terminaron y las publicaciones de Facebook en páginas con nombres furiosos como “La Esclavitud Moderna de Mazda” comenzaron a diluirse, se encontraron a sí mismos sin opciones. Ellos creían que su protesta era legal y que no interrumpía la producción del día. Los oficiales de Mazda, dijeron, les aseguraron que no tomarían represalias por manifestar sus preocupaciones. La oficina del fiscal estatal dijo que investigaría, pero nada sucedió. Márquez dijo que el problema debía ser resuelto por Mazda, pero que la compañía “tendrá que ser mucho más cuidadosa” en el futuro con las procupaciones de los empleados.

“Lo que les pasó es totalmente ilegal”, dijo Adrián Guerrero Caracheo, líder regional de la Unión Nacional de Trabajadores, quien tomó el caso de los empleados de Mazda. “Arrojaron a 20 personas a la calle cuando solamente estaban pidiendo un trabajo digno”.

La compañía disiente. Negarse a trabajar ese día en marzo representó un “serio incumplimiento de las políticas generales de la compañía” y “puso en riesgo toda la operación de nuestra compañía”, dijo un portavoz de Mazda en una declaración. “Nuestras condiciones laborales cumplen totalmente la ley”.

La Constitución Mexicana permite huelgas laborales en ciertas circunstancias, y la táctica ha sido usada por otros sindicatos, incluyendo a los trabajadores automotrices. Profesores de escuelas públicas en el estado de Oaxaca estuvieron en huelga y no daban clases en protesta contra el gobierno federal por las nuevas reglas para evaluar a los maestros. Y las protestas del sindicato incluso involucraron cortar el suministro de gasolina en las estaciones de servicio una semana antes de las elecciones de medio término.

Pero varios trabajadores de la planta de Mazda dijeron que el representante de su sindicato no abogó en su favor y que el gobierno local no se opondría a tan importante industria. Caracheo dijo que ha entablado pláticas para formar un nuevo sindicato que sirva a la industria automotriz en auge.

En general, expertos en la industria dicen que las condiciones laborales de las fábricas de automóviles tienden a ser mejores que las de otras industrias. Esos trabajos sirven como modelo del tipo de empleo formal, de alta tecnología y que paga impuestos, que México quiere cultivar. Pero parte de las razones por las que México es tan atractivo para los manufactureros es el bajo costo de la mano de obra. El Centro para Investigación Automotriz, un laboratorio de ideas basado en Michigan, encontró que entre salarios y beneficios las compañías de automóviles pagan un promedio de 8 dólares por hora a los trabajadores mexicanos, mientras que en los Estados Unidos esa figura sería de 4 a 7 veces mayor.

“El problema para nosotros está en los salarios”, dijo Alex Covarrubias Valdenebro, profesor de la Universidad de Sonora que ha estudiado los niveles de pago de la industria.

Los estados mexicanos, en su competencia por atraer inversión en automóviles, hace los tratos aún más dulces. Los gobiernos locales ha dado terrenos, exenciones de impuestos e infraestructura a las compañías. En la planta de Mazda de Guanajuato, el gobierno estatal accedió a pagar la mitad de los salarios de los empleados por seis meses.

En la planta de Mazda, distintas quejas sobre el subgerente se fusionaron para provocar que los trabajadores se retiraran.

“Él decía: ‘Eres estúpido. No tienes valor. No sé por qué tienes este trabajo’”, dijo Capetillo. “Era muy incómodo trabajar ahí”.

“Él era un déspota”, dijo José Luis Rodríguez Rojas, un empleado de 23 años de edad que trabajaba con bolsas de aire.

Para un trabajo de doce horas diarias, a menudo incluyendo fines de semana, esa paga de mil 150 pesos semanales -de los cuales 46 pesos desaparecían en cuotas al sindicato… Algunos decidieron que no valía la pena.

Otros, además de los 17 que fueron forzados a irse, también se han marchado. Maira Guadalupe Corona, de 23 años de edad, renunció a su trabajo estando embarazada porque no pensó que pudiera cuidar de un bebé mientras laborara en la planta. Vio que otras mujeres embarazadas trabajaban en la línea de ensamblaje en condiciones físicamente demandantes. Las mujeres con niños se quejaban de que la compañía no les daba suficiente tiempo para lactancia.

“Éramos esclavos de Mazda”, dijo su amiga Miriam Vázquez, de 24 años de edad, quien también dejó la planta recientemente.

Aunque los trabajadores involucrados en el paro laboral de marzo dijeron que se les dijo al principio que no habría repercusiones, aproximadamente tres semanas después la compañía exigió sus renuncias.

“Me amenazaron. Me dijeron que si no firmaba, nadie iba a darme trabajo, porque ellos le dirían a todas las compañías de automóviles cosas malas sobre mí”, dijo Rodríguez. “Desde entonces he estado buscando trabajo. Pero no puedo encontrar nada”.

Capetillo dijo que él tampoco quería renunciar. Pero eventualmente aceptó un despido. Luego de un par de meses de desempleo, recientemente obtuvo trabajo con uno de los contratistas de Mazda que hace control de calidad de autopartes dentro de la misma planta. El usó su experiencia para trabajar para una compañía independiente. Estuvo una semana en el empleo y lo disfrutó.

Pero la semana pasada, cuando llegó a la planta, los guardias de seguridad lo detuvieron. No podía entrar ni regresar; su nombre estaba en una lista. En el mundo de Mazda, ya no era bienvenido.

Traducción: Jéssica de la Portilla Montaño.

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