Lucha incansable de madres guerreras en busca de sus hijos desaparecidos

Domingo 25 de octubre de 2015, p. 9

Carmen Ramírez ha buscado por más de 2 mil 700 días a su hijo y a su hermano, desaparecidos en mayo de 2008 en Torreon, Coahuila.

Ese año se dispararon las cifras de homicidios, secuestros y extorsiones en todo el país. Desde el inicio de la estadística respectiva, en 1997, también un año muy violento, no se habían denunciado tantos ilícitos.

Su hijo Armando acompañaba a su tío Pedro a hacer un trámite, porque se dedicaban a poner máquinas de juego en pequeños comercios. Días después de aquel 12 de mayo apareció el mueble (la camioneta) en que se transportaban, pero de ellos no se sabe nada desde entonces.

Al principio todos los allegados se dedicaron a la búsqueda, pero al paso de los años, como ocurre en todas las familias de desaparecidos, los apuros económicos, las enfermedades o la misma muerte detuvieron a algunos.

Carmen busca todos los días a los suyos, no se conforma, exige una investigación eficaz y justicia. Es fundadora de uno de los colectivos más activos ante esta problemática: Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos (Fuundec), cuyos integrantes se conocieron en las fiscalías y siguen firmes en no parar hasta dar con sus seres queridos, pese a que de 342 expedientes a escala estatal, más 219 en el ámbito nacional, la autoridad no ha encontrado a ninguno. “Insistimos en que los encunetren con vida”, señala.

Fuundec difunde permanentemente por los medios posibles, recientemente con mayor énfasis en redes sociales, los datos de los desaparecidos. Ahí está, por ejemplo, la mención a Brandon Esteban Acosta Herrera, quien desapareció en agosto de 2009 en Ramos Arizpe, Coahuila. Sólo tenía ocho años de edad. El 2 de octubre pasado “cumplió” 15 años. Así dijeron, “cumplió”, porque su mamá, Lourdes Herrera, otra guerrera incansable, lo busca vivo.

“Hoy hace 15 años fui bendecida al ser madre nuevamente. Mi gordito nos llenó de alegría y cambió mi vida. Hoy no está conmigo, pero estoy feliz y orgullosa de ser su mami y lo bendigo donde esté, hoy más que nunca, por haber hecho de mi una madre valiente, incansable y guerrera. Dios te bendiga. Te amo mi niño hermoso”, señala Lourdes Herrera.

“No cesaremos en nuestra incansable lucha de amor”, subraya Fuundec, colectivo que divide sus tareas en investigación, atención integral de los expedientes y el tema forense.

En el caso de Carmen Ramírez, su cuñada debió dedicarse a trabajar para mantener a los cuatro hijos pequeños de Pedro; su madre –abuela y madre de los desaparecidos– también fue pilar en esta búsqueda, pero desde marzo está enferma. “Está bien malita mi mamá, yo creo que por la pena. Por ratos mejora y de pronto vuelve otra vez a estar delicada”.

Un día antes de la entrevista, la semana pasada, integrantes del grupo viajaron a Saltillo para hablar con el gobernador de Coahuila; ahí expusieron las recomendaciones para la búsqueda de desaparecidos que les dieron especialistas de Colombia.

“El gobernador nos dice que sí, que va a trabajar, que de hecho ya estuvo con Pedro Díaz (uno de los peritos colombianos), quien recomienda un cambio total aquí en Coahuila, en especial que ponga en la fiscalía para desaparecidos a personal capacitado, multidisciplinario, con un plan metodológico en criminalística y forense específicamente para estos delitos; que se asigne una bodega para concentrar ahí los restos que encuentran, la ropa y todo eso; que no se hagan las exhumaciones así nada más porque sí, sino bien calificadas con ADN y todo”, explica.

También buscan el apoyo de legisladores locales y federales para que los familiares de los desaparecidos sean verdaderamente tomados en cuenta en la construcción de la ley general respectiva, con la que se busca atender esta problemática.

En el día a día, Carmen Ramírez tiene que repartir su tiempo en el cuidado de su madre y de sus dos hijas; también estar al pendiente de su esposo, taxista, y de su casa, así como de un terreno que compró su hijo, quien aspiraba a fincar unos cuartitos antes de casarse. Su cuñada tuvo que mudarse, trabajar para pagar la renta y mantener a los hijos de Pedro, quienes ya no pudieron estudiar por falta de recursos.

Carmen, cuando se levanta o al acostarse, toma fuerza de una canción de Los Tigres del Norte, titulada Un día a la vez. “Escúchela, verá por qué la oigo tanto”, dice al recordar la letra:

“Necesitado me encuentro Señor; ayúdame a ver, yo quiero saber lo que debo hacer. Muestra el camino que debo seguir.

“Señor, por mi bien, yo quiero vivir, un día a la vez. Un día a la vez, Dios mío, es lo que pido de ti. Dame la fuerza para vivir un día a la vez.

“Ayer ya pasó, dios mío, mañana quizá no vendrá. Ayúdame hoy, yo quiero vivir un día a la vez.

“Tu ya viviste entre los hombres, tu sabes, mi Dios, que hoy está peor, es mucho el dolor. Hay mucho egoísmo y mucha maldad; Señor, por mi bien, yo quiero vivir, un día a la vez…”

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