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San Francisco Magú: otomí, digno y admirable

José Antonio Lara Duque

El asentamiento humano de San Francisco Magú data originalmente del siglo XII, al igual que muchos pueblos Otomíes del Valle de México. Se encuentra ubicado a 43 kilómetros al norponiente de la Ciudad de México, con una población aproximada de 15 mil habitantes.

Los vecinos y vecinas de San Francisco Magú, poblado situado en el municipio mexiquense de Nicolás Romero, han sostenido y defendido una autonomía indígena desde tiempos anteriores incluso a la guerra de independencia, Autonomía la cual se encuentra sostenida sobre todo, desde mi punto de vista, en cuatro pilares: Autoridades Locales propias de la Comunidad, Registro Autónomo de la Propiedad y del Comercio, No pago de tributos al Ayuntamiento y una Administración autónoma del Agua Potable.

Aunque las autoridades locales de Magú, subdivididas en Delegación y Consejo de Participación Ciudadana (Copaci), fueron electas utilizando el mecanismo institucional del Ayuntamiento de Nicolás Romero (ya que históricamente la designación se hace por Asamblea General del pueblo), no se entienden como “autoridades auxiliares” del municipio, ya que por usos y costumbres estas autoridades locales resuelven controversias y conflictos entre los habitantes buscando los caminos del diálogo y el respeto como primordial forma de solución.

Por si lo anterior fuera poco, coordinan los trabajos colectivos del pueblo como la construcción de calles y banquetas además de gestionar los recursos económicos y materiales que habrán de aplicarse a esas faenas colectivas.

Estas mismas autoridades, Delegación y Copaci están facultadas por el consenso indígena para realizar las escrituras del pueblo, que es la forma documental que los habitantes de la comunidad acreditan su propiedad dentro del territorio indígena, es decir, las escrituras públicas protocolizadas por notario público tienen nulo valor en contraste con las escrituras extendidas por el propio pueblo. Así, coordinan y regulan los establecimientos comerciales dentro del pueblo.

Este pueblo no paga tributos al ayuntamiento por concepto de predial, licencia de construcción, uso de suelo etc. porque ha trasmitido de generación en generación que les favorece una exención de impuesto que data desde el siglo XVIII otorgada por el virrey Juan Antonio de Bizarrón.

La tradición oral de Magú dice que este indulto fue revalidado por los expresidentes Benito Juárez y Luis Echeverría Álvarez; pero el que no paguen contribución pública a las autoridades municipales no significa que el pueblo no aporte económicamente a su comunidad, ya que los habitantes pagan anualmente “el peso” (aportación que los indígenas realizan a la Delegación y Copaci en lugar de las contribuciones municipales) con lo cual se cubren los gastos colectivos que la comunidad requiere.

Emilio Gandarilla Avilés, Periodista de la OEM realizó una investigación sobre San Francisco Magú en 2009 y la hizo pública en su columna semanal “Por los Rincones de México”. En ella dio cuenta de que este pueblo compuesto por 2,800 viviendas además de tener autoridades locales propias, un registro propio de propiedad y una exención de impuestos de corte virreinal también administra su agua potable de forma autónoma.

Son los propios indígenas otomíes quienes mediante asamblea eligen a sus representantes del Comité Local de Agua Potable de San Francisco Magú y así administran el agua, lo cual les permite mantener bajos costos de operación y una mayor trasparencia en la administración y destino del vital líquido, porque la comunidad entera se ve involucrada en la relación Ser Humano – Agua.

Este sistema de autonomía durante décadas y décadas ha coexistido con el sistema municipal de gobierno, a tal grado que incluso un alcalde de nombre Rafael Barrón Romero dijo en enero de 2006 a Juan Manuel Barrera reportero del periódico El Universal lo siguiente: “lo más significativo es que ellos ponen su trabajo, la mano de obra, en las obras que hemos financiado en el pueblo, con su mano de obra pagan mucho más de lo que pagarían con impuestos”.

No obstante, el pueblo de San Francisco Magú ha sido agredido y hostigado los últimos tres años para imponer un proyecto inmobiliario en su bosque tradicional conocido como “El Ocote y Las Carretas” el cual requeriría sobre todo agua y atentaría profundamente contra el sistema tradicional de gobierno autónomo de los otomíes, es decir, el Proyecto Inmobiliario denominado “Bosques del Paraíso” transgrediría no solamente las reservas acuíferas sino también el modo de vida de estos indígenas mexiquenses.

Las autoridades municipales y estatales parecen estar dispuestas a todo por imponer su voluntad, y así someter de una buena vez a un pueblo digno de respeto y el cual es ejemplo de que los procesos autonómicos son una propuesta viable y real de organización comunitaria.

Ante ello, la organización indígena ha crecido por encima de agresiones policiacas y de grupos de choque como la registrada el pasado 8 de marzo.

Sin duda alguna, San Francisco Magú a fuerza de organización y lucha, es hoy un referente obligado para los estudiosos de los procesos de autonomía indígena no sólo en el Estado de México sino en el país en general, pareciera imposible que a menos de 50 kilómetros del Distrito Federal exista un pueblo indígena que con sus usos y costumbres desafía con procesos de autonomía el gran proyecto político y económico impuesto desde las élites de este país.

Lo anterior nos debe llamar a difundir y apoyar a este digno y admirable pueblo otomí.

José Antonio Lara Duque, Abogado y Defensor de Derechos Humanos, fundador e integrante del Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero y la Alianza Única del Valle*

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