FESTIVAL DE CINE
PUY TA CUXLEJALTIC

En la mañana los estudiantes del CCH Azcapo pintan sus muros con rebeldía; en la tarde los porros lanzan bombas molotov y petardos.

Colectivo Grieta / 3 Septiembre 2018

Este lunes 3 de septiembre el CCH Azcapotzalco amaneció en resistencia. Estudiantes de todos los semestres mantienen vivo el paro de labores en el plantel. Hay quienes asumen tareas de cocina, preparan café para todos y dan una vuelta repartiéndolo; otros hacen trabajos de limpieza que van desde barrer y trapear hasta despintar los rayones que hicieron los porros el martes pasado cuando ingresaron al plantel violentamente a intentar romper la asamblea que se desarrollaba en ese momento; otros tienen tareas de seguridad y cuidan con barricadas los accesos al plantel; pero muchos, muchos estudiantes se dedican a pintar las paredes del CCH Azcapotzalco con murales críticos que reflexionan sobre la situación nacional.
Los estudiantes se dan a la tarea de volver a pintar y llenar de cultura, reflexión, historia y crítica las paredes de todos los edificios en el CCH Azcapotzalco.

Un estudiante que pinta un mural en el edificio S cuenta cómo la administración no consultó a nadie antes de borrar los murales anteriores. Otros estudiantes cuentan que en redes se filtró información y fotografías de que la dirección del plantel los había quitado durante las vacaciones. Las asambleas para atender esta injuria empezaron desde la semana de bienvenida al nuevo semestre. La primera asamblea se realizó en la banqueta del plantel y una segunda, el 6 de agosto a la que llegaron estudiantes del Poli, de la normal Azcapotzalco, y varios estudiantes de distintas facultades (ingeniería, filosofía y química). Todos ellos habían participado en la creación de los murales realizados durante el paro indefinido de labores que se organizó hace 4 años por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. El estudiante que nos cuenta esto dice cómo para ellos había sido un insulto borrar la huella y la memoria de ese crimen.

Las autoridades del plantel dijeron que iban a dar mantenimiento a los edificios. Una estudiante que pinta un mural en el edificio I, dice que no entiende el concepto que tiene la dirección de dar mantenimiento. “Nosotros pensamos que dar mantenimiento es restaurar los murales que se han deteriorado con el tiempo.” Otro estudiante dice: “La administración no consultó lo de quitar los murales, sentimos mucho enojo cuando llegamos al plantel y vimos lo que habían hecho”. Una estudiante dice: “Dirección nunca consulta a la comunidad estudiantil. Es una represión contra nuestra expresión”.
Un estudiante afirma, mientras sigue pintando su mural: “Lo de los murales no era el argumento principal en nuestras asambleas, pero sí fue la chispa que prendió a toda la comunidad… a todos nos pegó”.

El CCH está vivo, con creatividad. Los estudiantes pintan murales por todos lados. Todos los muros convocan a uno, dos, cinco, 15 a 20 estudiantes pintando. Hay murales sobre el autoritarismo, sobre la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, murales sobre los logos del CCH Azcapo y la UNAM, murales que representan a Quetzalcóatl, a los pueblos originarios, sobre los feminicidios, sobre la diversidad y la diferencia, corazones como pasamontañas, estudiantes en pie de lucha. Pintan frases como “El silencio no significa ceder. ¡Aquí nadie se rinde!”

“Somos el espíritu no sólo de una escuela sino de una nación. Somos arte y somos cultura. Somos nuestros pueblos y su gente. Somos historia”.

“Todos somos iguales de una forma distinta”.

“Hasta tu muerte o la mía”.

Los estudiantes nos cuentan cómo fue el proceso organizativo para las brigadas de pintura. Uno nos dice: “Fue raro… en asamblea se acordó una mesa de trabajo para saber qué íbamos a hacer durante el paro… Así, en desagravio de que los baños siempre han estado sucios, se organizó una brigada de limpieza. Así como hubo quien agarró escobas y trapeadores, otros se metieron a cocinar para todos, y hubo quienes quisieron pintar […] Estamos viviendo una especie de anarquía. Todos ayudan en lo que pueden”.

En todos lados nos cuentan que, a partir del acuerdo de la asamblea, los estudiantes sometieron a consideración sus diseños de mural y propuestas de lugar a la asamblea y se votaron los diseños que más gustaron. Lo de los recursos es un tema dicen. El jueves pasado juntaron 6 mil pesos de boteo y donaciones para comprar pintura y materiales de limpieza. De todas formas no alcanzan las pinturas colectivas. Todos los que están pintando han puesto de su dinero y han salido a botear y conseguir aportaciones de sus familiares y en los barrios. Algunos nos dicen que hoy durante la marcha se hará metro popular, y se solicitarán más aportaciones para poder terminar los murales. Y es que las pinturas no alcanzan para cubrir tantos muros. Los proyectos abarcan paredes en casi todos los edificios. Un estudiante nos dice: “Tenemos un bote de rojo, uno de azul, uno de amarillo y medio de negro… nos hace falta mucha pintura”.

Hay un grupo de 15 a 20 chavos que quieren pintar las paredes de atrás del edificio Z, una cadena de 10 muros de 2 por 4 mts. Un estudiante nos cuenta de ese proyecto: “Vamos a hacer una serie de murales colectivos. Queremos hacer una sección que sea homenaje a los caídos en el 68, y a los 43 de Ayotzinapa y a todos los estudiantes caídos en la lucha. Otra parte va a ser un tianguis con personalidades muy representativas de la historia y la lucha, otra sección va a ser un códice, otra sección va a tener una chinampa con una flor de cempasúchil en conmemoración del lago de Tenochtitlán”.

Primero pintan la base de blanco para poder hacer sus diseños encima. Mientras en algunos lugares ya pintan, en otros apenas ponen la base o pasan sus diseños de papel a pared, también hay compañeros que despintan los rayones que hicieron los porros. Un estudiante nos cuenta que los porros entraron a romper la asamblea pero no pudieron. Tiraron petardos, rayaron paredes y subieron fotos a redes sociales intentando inculparlos por esas acciones. Entonces organizaron brigadas de limpieza y restauración de muros. “Ha sido una guerra en redes,” nos dice, “esos porros publican imágenes de sus rayones y dicen que fuimos nosotros, y nosotros respondemos con imágenes de esas paredes restauradas”.

Enfrente del edificio Fi un estudiante comenta: “El paro es un movimiento sólo estudiantil, no comandado por nadie externo. Estamos demandando nuestros derechos: borraron nuestros murales, nos faltan profesores y mobiliario además de la negación al diálogo público por parte de las autoridades y las cuotas en bancos. Cerraron las cajas del plantel y nos dijeron que depositáramos en el banco, pero ahí no aceptan menos de $100 y si no queremos depositar esa cantidad tenemos que ir hasta CU, pero ya aquí es lejos”. Ese estudiante nos cuenta cómo el jueves pasado vinieron estudiantes del CCH Vallejo a apoyar y participar en la asamblea, y agrega: “Lo malo es que los vinieron a seguir los de jurídico de Vallejo y les estaban tomando fotos. Las compañeras hicieron una valla y los sacamos del plantel”. Los estudiantes están conscientes de la posible represión.

Otro estudiante comenta que en las guardias nocturnas les ha ido bien, que hay padres de familia que les llevan comida. Aunque también han llegado porros a hostigar, gritan insultos y avientan bombas molotov mal hechas, que no estallan bien.
La jornada del lunes empieza llena de energía y cultura, se perciben muy buenos ánimos en el plantel y entre los estudiantes. Esperan que llegue un gran contingente para la marcha que saldrá del plantel y hacia la dirección general del CCH y la Rectoría. La convocatoria que hicieron fue abierta para que se sumen todos los que se quieran solidarizar con su movimiento. La idea, nos cuentan, es llevar la marcha a la Dirección General del CCH o a Rectoría, eso todavía lo tienen que ver. El fin principal es entregar el pliego petitorio ahí y exigir su cumplimiento.

La asamblea para organizar la marcha empieza cerca de las 11:30. En la asamblea se decide quién va en el contingente y quién se queda a cuidar el plantel. Además se organiza una brigada de seguridad que va a cuidar el contingente de los posibles ataques de los porros. El objetivo es marchar en un contingente compacto, en el que no se metan elementos externos dicen.

Se proponen tres rutas para la marcha y la asamblea decide ir en camiones a metro Aquiles Serdán. Una compañera toma el micrófono y le recuerda al contingente que la marcha es pacífica, que no hay que caer en provocaciones porque seguro van a venir porros y van a estar saqueando oxxos. Sale una comisión de la asamblea para llamar a todos los compañeros que están pintando a ver quién se quiere sumar a la marcha. Se forma una comisión que va a ir recogiendo basura al paso de la marcha, “para dar ejemplo y que no nos confundan con porros”, dicen.

El contingente es grande, es posible que unos 400 estudiantes estén reunidos. Salen con un goya y las conocidas consignas: “De norte a sur, de este a oeste, ganaremos esta lucha, cueste lo que cueste”.

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Por la tarde… después de las 3 y media, grupos de porros de Naucalpan agredieron brutalmente a la marcha.