PALABRAS DE MARICHUY, VOCERA DEL CIG EN SAN PEDRO TLANIXCO. 22 NOVIEMBRE 2017

Compañeros, compañeras:

Llegamos a esta comunidad de San Pedro Tlanixco con la dignidad y el sufrimiento de este pueblo en el pensamiento. Mucho hemos aprendido de ustedes en el espacio que somos el Congreso Nacional Indígena, no sólo de la defensa del agua y el territorio, sino del camino consecuente y claro.

La clase política de todos los niveles y poderes de eso que llaman Estado Mexicano nos debe tanto que la cuenta la tenemos más presente que nu
nca. La verdad y la justicia no vendrá desde arriba, pues allá solamente hay mentira y traición.

A los pueblos, naciones, tribus y comunidades originarios del Concejo Indígena de Gobierno y el Congreso Nacional Indígena nos urge en el corazón la libertad de la compañera Dominga González Martínez, Lorenzo Sánchez Berriozabal, Pedro Sánchez Berriozabal, Marco Antonio Pérez González, Rómulo Arias Mireles y Teófilo Pérez González, presos de esta comunidad de San Pedro Tlanixco, encarcelados injustamente por defender el agua que es la vida de nuestros pueblos.

Arriba nos dicen que lamentan nuestros muertos y muertas, que buscan a los desaparecidos y desaparecidas, que nos brindan seguridad, que persiguen a los culpables, pero nada es cierto. No lamentan nuestros muertos sino que les alegran, pues con ellos creen enterrar nuestra dignidad. No buscan a los desaparecidos y desaparecidas, sino que negocian la verdad y el sufrimiento de quienes no paran de buscarlos. No nos brindan seguridad, sino que negocian el terror, el despojo, la explotación y la represión con las corporaciones delincuenciales que dicen combatir. No buscan hacer la justicia para nuestros hermanos y hermanas presos, sino que buscan callar la verdad, detener el trabajo de quienes defienden la madre tierra y de paso matar la dignidad de quienes no tienen miedo.

Nos deben la justicia para las compañeras sobrevivientes de la tortura sexual en San Salvador Atenco, para las y los compañeros que fueron privados de su libertad. Nos deben la justicia para el compañero Alexis Benhumea, asesinado por el gobierno asesino de Enrique Peña Nieto.

No pararemos de acompañar a los padres y madres de los hermanos estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero en la búsqueda de los 43 compañeros desaparecidos y de los 3 compañeros asesinados. No pararemos de exigir el castigo a todos los culpables, principalmente los que están en las altas esferas políticas, militares y policiales.
Nos deben la justicia para el compañero zapatista Galeano, asesinado por paramilitares, al servicio de los malos gobiernos.

Los de arriba nos deben la justicia para los hombres y mujeres de la comunidad nahua de Santa María Ostula, en Michoacán, la justicia para los 35 compañeros asesinados y la presentación con vida de los 6 compañeros desaparecidos. Nos debe la justicia para el niño Hidelberto Reyes García asesinado por el ejército Mexicano.

Nos deben la justicia para los hermanos y hermanas del pueblo tzotzil de Acteal, en Chiapas, el castigo a los culpables de la masacre de 45 hermanos que rezaban por la paz y 4 bebés no nacidos.

Nos deben la justicia para los hermanos y hermanas familiares y viudas de los 65 mineros en Pasta de Conchos, Coahuila, y la justicia para familiares de los 49 pequeños y pequeñas de la guardería ABC en Sonora.

Nos deben la justicia para los 4 asesinados y los desaparecidos de Viejo Velasco, Chiapas, a manos de grupos paramilitares con el apoyo de los malos gobiernos.
Nos deben la libertad del compañero Luis Fernando Sotelo, preso por imaginar y luchar un mundo libre.

Nos deben la justicia por los feminicidios, que junto con la tortura sexual y la desaparición forzada de mujeres son el odio de los capitalistas hechos política pública y la impunidad garantiza el sostenimiento del patriarcado y la dominación, que son la base del enriquecimiento de los poderosos.

A todo el pueblo de México nos deben cientos de miles de asesinados, asesinadas y desaparecidos, desaparecidas, nos deben la paz. Nosotros no podemos olvidar porque sería condenar a la muerte a nuestros pueblos. No podemos perdonar porque sería esperar a que esos crímenes no ocurran nuevamente y sabemos que por el contrario, será peor, que los capitalistas se alistan para una agresiva embestida contra todas y todos.

La rabia y el dolor de nuestros pueblos nace y crece abajo, no caben en ninguna urna electorera ni en ninguna agenda de arriba. Es la palabra de quienes están desaparecidos y desaparecidas, de quienes fueron asesinadas y asesinados, de quienes están privados de su libertad por defender para todos lo que es de todos. Esa palabra es y seguirá siendo una guía para nuestros pasos, para no olvidar que así de grande como es la represión de los poderosos, así de grande es lo que defendemos.
Organicémonos, veamos la manera en colectivo y desde abajo construyamos la verdad y tejamos la justicia. Por ellas, por ellos, por la paz en nuestro corazón colectivo y por el castigo a los culpables.

Desde San Pedro Tlanixco

A 22 de noviembre de 2017

Nunca Más un México sin Nosotros

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